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Entre lo divino y lo inhumano

Regina José Galindo

Regina José Galindo

Del sentir humano nacen muchas veces sentimientos que no podemos explicar con el lenguaje. Lo percibimos por los sentidos pero deriva hacia emociones que sobrepasan el entendimiento. Como en los sueños que todos reconocemos, algo que sabemos no es real imprime una huella en la amplitud de nuestra conciencia; algo inimaginable ni pensado a propósito, descansa lleno de un vacío asombroso hasta que lo iluminamos con la experiencia humana.

La experiencia, lo que hacemos con lo que nos ha pasa, deja una huella de lo que somos. No puede sorprendernos tanto que sintamos divina, esa gran casa que es el alma humana, ese lugar común del deseo de vivir –tan obstinadamente intenso– que acoge toda nuestra entidad no material. Eso que nosotros, espacialmente trajeados homo sapiens sapiens, tan limitados por nuestras facultades físicas y tan frágiles, más incluso que los perfiles de nuestras diferentes concepciones de ser civilizado, conocemos como el amor.

¿Es humano lo divino es divino el ser humano? De esas relaciones se ocupa el Arte. Y los artistas. Y el público que se la goza. Personas que trabajan en representar la realidad más allá de su límites evidentes. Gente dispuesta a sentir, a emocionarse, a enamorarse, a comprender más allá de la representación. Y vivir con ello.

Con una parte de la humanidad conmocionada por el reciente fallecimiento de James Gandolfini, actor del conocido personaje Tony Soprano, uno se pregunta cómo es posible ese amor entre una audiencia y un profesional de la interpretación, a través de la encarnación de un personaje, asesino profesional en este caso, que realmente no querríamos como vecino. O sí: observando las reacciones que ofrecen y relatan los medios de todo el planeta: se trata del sincero sentir de una pérdida. ¿Es Tony Soprano un ser humano o inhumano? ¿Por qué amamos tanto la parte buena de los malos de las películas? ¿Qué nos fascina del mal, de su representación y hasta de su ejecución misma?

Cuando se es consciente, no sólo de la facilidad con la que el ser humano da y quita la vida de otros seres humanos, sino de la crueldad y constancia con la que es capaz de hacerlo, no se puede esconder al entendimiento, lo inhumano de lo humano. Y como en un juego de infinitas permutaciones, identificar grados de maldad en el bien y grados de bondad, en el mal. Pero, ¿con qué finalidad? ¿Era la vida de Tony Soprano una vida humana llena de acciones inhumanas o era una vida inhumana, con acciones de humanidad… De modo tan fascinantemente hiladas alrededor de un relato de ficción, realista como un espejo del mundo en que vivimos?

Raro eso de fascinarse con relatos de la gang fiction mientras en la realidad la sociedad dirige enormes recursos en darles caza, detenerlos, juzgarlos y meterlos en prisión mientras intenta desarbolar sus organizaciones, cuando no ejecutarlos sin juicio previo en una balacera policial. Entonces, uno termina dudando quién representa qué.

Prestamos especial atención a la expresión artística «Tierra», de Regina Jose Galindo, en el contexto del juicio a Ríos Montt en Guatemala. Obra que nos permite abordar la cuestión del genocidio de otra manera: la podemos abarcar con los sentidos y trascender su teatralidad. Y así, darnos cuenta.

– ¿Cómo mataban gente? –preguntó el fiscal. Primero ordenaban al operador de la máquina, al oficial García, que cavara un hoyo. Luego los camiones llenos de gente los parqueaban frente al Pino, y uno por uno, iban pasando. No les disparaban. Muchas veces los puyaban con bayoneta. Les arrancaban el pecho con las bayonetas, y los llevaban a la fosa. Cuando se llenaba la fosa dejaban caer la pala mecánica sobre los cuerpos.

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