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Alucinación colectiva

Científicos y filósofos están de acuerdo en algo: la conciencia humana es una alucinación colectiva

Un grupo de científicos y filósofos buscan las raíces de la conciencia, y para eso deben aprender unos de otros y dejar atrás sus certezas.

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Anil Seth es el director del Centro Sackler de las Ciencias de la Conciencia de la Universidad de Sussex, donde un equipo multidisciplinario de físicos, filósofos, científicos de computación y artistas aplican diferentes metodologías para identificar los mecanismos que componen la conciencia tal como la conocemos. Y lo que conocemos hasta ahora sobre la conciencia es precario y fragmentario: cada cultura, cada religión y rama de la ciencia tienen su propia aproximación al respecto. Es por eso que Seth ha propuesto que la realidad, al menos la que tiene que ver con la conciencia, no es muy distinta a una alucinación colectiva. No sabemos cómo funciona o de qué está hecha la realidad, pero nuestra conciencia la percibe de una determinada manera que nos es común a todos los miembros de la especie. Y por más sofisticadas que sean nuestras máquinas, nuestro entendimiento colectivo del mundo depende de las palabras que utilizamos para comunicarnos entre nosotros. No tenemos solamente la vista, el oído, el gusto, el tacto y el olfato, sino también un sentido de ubicación espacial, una memoria, un sentido del paso del tiempo y muchos más, que apenas comenzamos a comprender.

Vía www.ecoesfera.com

Holonomía

La conciencia no es una sustancia o un proceso oculto en las redes neuronales
dentro del cráneo, sino una red que se extiende por los sistemas simbólicos que,
como el libro, nos sustentan como seres humanos racionales.

Roger Bartra

Holonomía personal

Holonomía

Anil Seth dice que «la realidad, al menos la que tiene que ver con la conciencia, no es muy distinta a una alucinación colectiva» y que «no sabemos cómo funciona o de qué está hecha la realidad, pero nuestro entendimiento colectivo del mundo depende de las palabras que utilizamos para comunicarnos entre nosotros».

No se trata de actos sagrados, no hay una fe única que trence nuestras acciones, sino compromisos. Nuestra palabra, la palabra dada. El habla del alma, la parte del relato que sólo tiene sentido cuando se comparte. Redes imprescindibles de personas que cuentan, que son tenidas en cuenta y con las que se puede contar. Redes de personas que viven arrebatadas por el cambio, en el devenir de las historias que significan continuamente.

Diferentes ideas procedentes de diferentes campos, combinadas para dar una idea resultado de la fusión de las primeras. «Ser capaz de ver lo nuevo en lo viejo y de distinguir a los ingeniosos de los ingenuos», suspira Paul Rand. «Avanzar por océanos de arena pensando en el rastro de los propios pasos y en la proeza de mover un colosal paisaje hacia atrás por razón de los breves pasos hacia adelante, aventura Jorge Wagensberg. Maravillas del mundo humano ser en esos relatos luminosos, leer y aprehenderse desde el cuerpo; qué hacer con lo que nos pasó, para qué la experiencia; en quiénes confiar con plenitud.