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Ana María Oliva

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Ana María Oliva

Ana María Oliva, ingeniera biomédica y terapeuta. ¡Qué mujer! Compartimos un pedacito de la mañana, la mejor parte, esa que nos envuelve antes del ajetreo. En vez de hablarme desde la contraportada de La Vanguardia, habría preferido que hubiera estado presente compartiendo mesa, aunque entiendo que nuestro mundo es tan grande y las ocasiones tan escasas, que a veces no siempre es posible.

¿Sabía yo que, justo en este instante, la célula más vieja de tu cuerpo, apenas tiene cinco años? A esas velocidades nuestro cuerpo se transforma. Sólo imaginar la cantidad de materia que ahorita fluye por ahí y que pasará a ser parte de nosotros, mientras otra, que ahora lo es, volverá a ser parte de este cosmos, en este rincón de la eternidad que compartimos, me emociona. Para Ana María nuestra alma es eterna.

Natural de Barcelona, ingeniera industrial y doctora en biomédicina por la Universidad de Barcelona, está casada y es madre de gemelos. Su principal ideario político se resume en el bien común; y en cuanto a Dios, opina, y no puedo sino estar de acuerdo con ella, que si no lo ves en todas partes, no lo ves en ninguna. Ana María destaca la idea de que cada pensamiento nos cambia el biocampo electromagnético. Las investigaciones de Konstantin Korotkov, doctor en Física y catedrático de la Universidad de San Petesburgo, confirman el biocampo, como un objeto psicofísico visible gracias a la imagen electrofotónica.

El trabajo de Ana María se centra en esta frontera de la ciencia, que le ha enseñado a autoregularse modulando pensamientos y actitudes. Opina que las enfermedades, son intentos del organismo para depurar conflictos y visiones nocivas del mundo y de nosotros mismos. Y que lo más saludable es saber que estamos aquí para aportar alguna cosa buena. ¿Somos luz? «La materia implica energía, medible: frecuencias de onda, unas invisibles y otras visibles. O sea, luz, y podríamos verla si nos entrenáramos». ¿El aura? «Sí, un campo bioeletromagnético. Lo generan los intercambios eléctricos de nuestros átomos y células. Desprenden biofotones».

¿Se pueden ver esos biofotones? «No a ojo desnudo. No me he entrenado para ello. Pero los podríamos ver con este dispositivo. Si coloca un dedo aquí y mira la pantalla, verá unos rayitos, unos más largos, unos más cortos, y algunos agujeros. Indican la energía de sus órganos internos en su función. Somos el universo. Somos hologramáticos: cada parte contiene la información del todo».

¿Qué cosas ha electrofotografiado? «Cuando un espermatozoide fecunda un óvulo, hay un estallido de luz. Cuando una bacteria muere, hay un relampagueo. Una señal violeta precede las mitosis celulares…».

Ana María continúa charlando sobre la importancia de las palabras y sobre cómo estas pueden llegar a cambiar nuestro carácter. Y que del mismo modo, nos afectan las personas que nos acompañan, una canción, un color, las informaciones que leemos en los medios, lo que comemos… Todo modifica nuestro biocampo. Y por encima de todo, lo que pensamos. Lo que pensamos marca nuestra biología y por eso, es importante guiarlos. Opina que nuestro sistema de creencias nos construye y que es fundamental relativizarlo y saberse distanciar por ejemplo, para evitar sufrimiento.

Es de la opinión que detrás del sufrimiento hay una creencia equivocada: estamos enseñados a que si alguien sufre, hemos de sufrir con él y de este modo, lo que conseguimos es duplicar el sufrimiento; cuando lo que en realidad necesita el que sufre, es alguien entero y sereno a su lado.

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