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En los poderosos

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Moisés Naím

¿Qué les está pasando a los poderosos? se pregunta Moisés NaÍm, autor del libro The end of power, de donde ha sido adaptado un artículo para El País.

Presidentes maniatados. Magnates hundidos. Ejércitos impotentes. Obispos sin fieles. Nuevos actores desafían a los dirigentes tradicionales. El poder ya no es lo que era. Se ha vuelto más difícil de usar y más fácil de perder.

El resultado de los comicios en España ha sumido al país en una crisis de ingobernabilidad, obligados los interesados a forjar complejas coaliciones para poder gobernar. Las victorias electorales con grandes mayorías son cosa del pasado. A nivel mundial, la comunidad internacional no logra actuar para detener las matanzas en Siria o el calentamiento global.

El poder ya no es lo que era. Se ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho más fácil de perder. Un ejecutivo puede celebrar su ascenso a la dirección de su prestigiosa compañía solo para descubrir que una empresa recién creada está arrasando con sus clientes. Un político que llega a primer ministro puede encontrarse maniatado ya que una multitud de partidos minoritarios bloquea sus iniciativas. Un general puede comandar un enorme y costoso ejército sabiendo que su moderno armamento es inútil frente a explosivos caseros y terroristas suicidas. Y el nuevo papa, Francisco, ya sabe que predicadores de nuevo cuño están arrebatándole su rebaño en África y Latinoamérica.

¿Por qué el poder es cada vez más fugaz? Porque las barreras que protegen a los poderosos ya no son tan inexpugnables como antes. Y porque han proliferado los actores capaces de retar con éxito a los poderes tradicionales. Una creciente clase media, mejor informada y con mayor movilidad, está haciendo más difícil el ejercicio del poder. El poder también se desmorona en los campos de batalla y las salas de juntas. El poder militar tampoco es lo que era.

Como no lo es el poder empresarial. Antes, presidentes y directivos no solo se enfrentaban a menos rivales y competidores, sino que además tenían menos restricciones a la hora de utilizar ese poder. Restricciones como los mercados financieros, una población con más conciencia política y más exigente, y el escrutinio de los medios de comunicación. Los poderosos, hoy, suelen pagar un precio mayor y más inmediato por sus errores.

Internet, con su fuerza supuestamente “democratizadora”, no es lo único que está erosionando el poder. Las nuevas tecnologías de la información son herramientas importantes, pero para que ejerzan algún efecto necesitan usuarios, y los usuarios necesitan dirección y motivación. Facebook y Twitter son fundamentales en las contiendas electorales actuales; porque las circunstancias son locales y personales: el desempleo y las expectativas insatisfechas de una clase media en expansión y mejor preparada, deciden.

Lo que está erosionando el poder tradicional son las transformaciones de aspectos básicos de la vida: cómo vivimos, cuánto tiempo y con qué calidad. Cómo trabajamos, nos movemos o nos relacionamos con nuestro entorno. Estos cambios se pueden agrupar en tres revoluciones simultáneas:

» La Revolución del Más. El siglo XXI tiene más de todo: más gente, más urbana, más joven, más sana y más educada. Y también más productos en el mercado, más partidos políticos; más armas y más medicinas, más crimen y más religiones. La pobreza extrema se ha reducido más que nunca y la clase media crece. Una clase media impaciente, mejor informada y con más aspiraciones está haciendo más difícil el ejercicio del poder.

El declive del poder abre nuevas oportunidades, pero
también plantea serias amenazas.
» La Revolución de la Movilidad. No solo hay más personas con mejor nivel de vida, sino que además se mueven más que nunca. Las diásporas étnicas, religiosas y profesionales están cambiando el reparto de poder entre las poblaciones y dentro de ellas. Personas, tecnología, productos, dinero, ideas y organizaciones tienen más movilidad, y por ello son más difíciles de controlar.

» La Revolución de la Mentalidad. Una población que consume y se mueve sin cesar, que tiene acceso a más recursos y más información, ha experimentado también una inmensa transformación cognitiva y emocional. Existe cada vez más consenso en todo el mundo sobre la importancia de las libertades individuales y la igualdad de género, así como más intolerancia al autoritarismo. La insatisfacción con los sistemas políticos y las instituciones de gobierno también es global.

Juntas, estas tres revoluciones están erosionando las barreras que protegían a los poderosos de sus rivales. La Revolución del Más ayuda a estos últimos a asediar esas barreras, la Revolución de la Movilidad les ayuda a rodearlas y la Revolución de la Mentalidad las socava.

¿Debemos celebrar este declive del poder tradicional? Claro que sí. Se han abierto más oportunidades para votantes, consumidores, jóvenes, mujeres y otros grupos tradicionalmente excluidos.

Pero no todo es positivo. La degradación del poder también plantea amenazas para nuestro bienestar, nuestras familias y nuestras vidas. Explica por qué Washington está bloqueado, por qué a Europa le cuesta actuar con eficacia ante los problemas económicos, por qué proliferan los Estados fallidos o por qué tantas decisiones urgentes se toman tarde y mal.

Ante el fin del poder tal como lo conocemos, nuestros tradicionales sistemas de controles y equilibrios —concebidos para limitar el poder excesivo— amenazan con transformar a muchos Gobiernos en gigantes paralizados. El tamaño ya no significa fuerza. La burocracia ya no significa control. Y los títulos ya no significan autoridad. Y si el futuro del poder está en la subversión, los bloqueos y las interferencias, ¿podremos recuperar algún día la estabilidad? Sí. Pero eso requerirá entender mejor las mutaciones del poder.

 

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Conductas

«Vivo la vida que es posible para mi», Paul Auster

La crisis financiera de 2008 se desató de manera directa debido al colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en el año 2006, que provocó aproximadamente en octubre de 2007 la llamada crisis de las hipotecas subprime. Las repercusiones de la crisis hipotecaria comenzaron a manifestarse de manera extremadamente grave desde inicios de 2008, contagiándose primero al sistema financiero estadounidense, y después al internacional, teniendo como consecuencia una profunda crisis de liquidez, y causando, indirectamente, otros fenómenos económicos, como una crisis alimentaria global, diferentes derrumbes bursátiles (como la crisis bursátil de enero de 2008 y la crisis bursátil mundial de octubre de 2008) y, en conjunto, una crisis económica a escala internacional. (Wikipedia).

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Relatos del mundo que propició la catástrofe; de la globalización de la avaricia sin límites, de la conversión de todo valor humano a moneda de cambio para el mercadeo internacional. El poder ya no es lo que era. Se ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho más fácil de perder. Un ejecutivo puede celebrar su ascenso a la dirección de su prestigiosa compañía solo para descubrir que una empresa recién creada está arrasando con sus clientes. Un político que llega a primer ministro puede encontrarse maniatado ya que una multitud de partidos minoritarios bloquea sus iniciativas. Un general puede comandar un enorme y costoso ejército sabiendo que su moderno armamento es inútil frente a explosivos caseros y terroristas suicidas.

Wall Street. Una película de 1987 dirigida por Oliver Stone. La película tiene una secuela: Wall Street 2: El dinero nunca duerme (2010), dirigida también por Oliver Stone, en la que muestra el peligro de las burbujas especulativas y la crisis hipotecaria de los Estados Unidos, la falta de regulación en los mercados y el rescate financiero a los bancos de inversión.

Inside Job. Un documental de 2010 sobre la crisis financiera de 2008 dirigido por Charles Ferguson y narrada por el actor Matt Damon. Trata sobre la sistemática corrupción de los Estados Unidos por la industria de servicios financieros y las consecuencias de dicha corrupción. Presenta investigaciones y entrevistas con financieros, políticos, periodistas y académicos. Desde el punto de vista narrativo, introduce la crisis financiera en Islandia de 2008 y 2009, continuando con la exposición de las causas de crisis mundial y terminando con un diagnóstico de la situación actual, concluyendo que es insignificante lo que se ha hecho durante la administración de Barack Obama.

The Company Men. Una película estadounidense del año 2010 dirigida y escrita por John Wells. Una compañía multimillonaria de transporte se ve afectada. Ejecutivos de collar blanco que vive bien, un buen trabajo y un hermoso Porsche en el garaje con el que van a un club de golf, que no esperaban ser despedidos y no poder pagar sus hipotecas.

Margin Call. Una película del año 2011 dirigida y escrita por J. C. Chandor. Se descubre la volatilidad de una empresa de valores de respaldados por hipotecas. Debido a un apalancamiento excesivo,  los activos de la empresa en valores respaldados por hipotecas disminuyen su capitalización de mercado. Vender rápidamente todos los activos tóxicos antes de que el mercado pueda reaccionar a la noticia de su falta de valor.

Le Capital. Una película francesa del año 2012 dirigida per Costa-Gavras, a partir de la novela homónima de Stéphane Osmont publicada en el 2004. Un banquero que progresa en el escalafón de una entidad bancaria en una espiral de ambición de poder y corrupción.

Cinco películas entre tantas; centenares de libros que abordan el tema desde múltiples puntos de vista; miles de artículos y reportajes en medios de masas más o menos basados en hechos reales cuando no, en riguroso directo.

¿Cómo orientar la mente hacia la comprensión de fenómenos complejos en un momento de gran incertidumbre? Nos preguntamos continuamente cómo seguiremos produciendo nuestras vidas y transmitiendo ideas sobre nosotros mismos y sobre los demás, sobre nuestros entornos más inmediatos, sobre el conjunto de la realidad del planeta, sobre la memoria, el pasado, el futuro. Nos preguntamos cómo aprehender, cómo hacer realidad otros sueños, otros mundos. La realidad, aquí, ahora y eternamente, tiene siempre la última palabra.

Europa se está desmembrando. La Unión Europea es «disfuncional e irreformable», según palabras del politólogo y ensayista británico John Gray. La economía continua y continuará a la baja debido a que el modelo económico del que formamos parte está en decadencia.

El dinero y el poder, tan concentrado, ya no es eficiente en su distribución y eso aumenta la pobreza. Nos estamos adentrando en una época oscura en la que se pondrá de manifiesto el brillo y la luz propia de cada individuo. Aprendizaje, conocimiento y fe, articularán nuestra experiencia de vida cada vez más nómada y paradójicamente, más local. No es algo elegido, no podemos evitarlo; ha pasado y pasará mil veces en la historia de la evolución humana y ahora nos afecta a nosotros.

España se está desmembrando también. Esta España en la que un día nunca se puso el sol, lleva dos siglos perdiendo territorios que se vuelven autónomos en el devenir del mundo, en sus nuevas dependencias metropolitanas. Colonias de América, asentamientos en ultramar… Y ahora sus Comunidades Autónomas, empezando por Catalunya; que también se está desmembrando.

A pesar del desarrollo y del buen caminar de algunas cosas, caminamos hacia escenarios en los que la sociedad (su ciudadanía y su democracia) será más débil y desordenada; organizada desde gobiernos débiles con políticas cada vez más opacas; en el marco de naciones sin mayor sentido que los símbolos que las representan.

Estamos a las puertas de un enfrentamiento serio entre Occidente, con los Estados Unidos y Alemania a la cabeza, y China. Estamos a las puertas de un enfrentamiento serio entre Occidente y Eurasia, con Rusia y la India, como actores más destacados. El choque entre Occidente y el llamado Tercer Mundo, acoge cada día una mayor cantidad de violencias.

Nuestra civilización en declive, enfrentada a la barbarie recurrente dentro y fuera de sus fronteras. La paz perdiendo ante la guerra, la libertad ante la tiranía; la emancipación frente a la represión. ¿Qué esperamos de nosotros mismos ante una situación así? ¿Qué ofrecemos a nuestros jóvenes y niños en unas circunstancias como éstas? ¿Qué clavo ardiendo, qué flotador, qué balsa, llevará sus vidas hacia dónde? ¿Hacia dónde las nuestras?

Sin certezas

«La modernidad líquida –como categoría sociológica– es una figura del cambio y de la transitoriedad, de la desregulación y liberalización de los mercados», Adolfo Vásquez Rocca.

La metáfora de la liquidez –propuesta por Bauman– intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones. El amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro, se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la Web. Surfeamos en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante –incierta– y cada vez más imprevisible, es la decadencia del Estado del bienestar. La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta; la cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión de futuro”.

La metáfora de la liquidez –propuesta por Bauman– intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones; que la modernidad líquida es un tiempo sin certezas… Pero, también, es cierta una lectura en sentido inverso: ¿da cuenta la metáfora propuesta por Bauman de la versatilidad de las relaciones líquidas que propician las redes digitales de comunicación -aunque estas sean volátiles y transitorias? ¿Cómo aprendemos a vivir sin certezas?

Sólo para tus ojos

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Viene tomando fotografías de sí mismo como si fuera una casa abandonada. De la oportunidad de significar lo que desea compartir con los demás, surge un equilibrio que lo abraza y lo integra haciéndolo humanamente más completo. La experiencia colectiva, la materialización de su sentido social, su retroalimentación a través de la red.

Su forma de vivir ha cambiado; ha cambiado su forma de leer. Ha cambiado su literatura; lo literario se expresa hoy de modos muy diversos. El lienzo en que dibuja sus relatos, es distinto. Su creación, su producción, su realización, su publicación es diferente. La vibración del intercambio apenas comienza a tener su propia música, acorde a melodías que recrean el presente en planos bien diferenciados.

Atiende los vínculos entre todas estas transformaciones. La oportunidad de construir lazos significativos entre lo personal y su proyección frente a las necesidades, aspiraciones y valores de quienes también participan. Conexiones que provienen de sistemas emergentes a cubierto entre el consumo y la socialización. Asume riesgos. Su transformación, su emergencia, no es cómoda. Se elimina el aislamiento a medida que se facilita la conectividad. El vínculo constante con otras personas transforma su experiencia vital en un bien extraño. Intangible y al mismo tiempo, mutable. En cualquier lugar, y en ninguno. Lo posee y, sin embargo, no lo tiene. Una relación nacida de una red de relaciones nacidas. Vínculos con quienes lo ven, lo leen o lo miran.

Pocas son las competencias tradicionales que le sirven ahora. Se ve obligado a adquirir nuevas y a compartir privilegios creativos con un conglomerado de participantes que colaboran en la definición de esas relaciones. Ya no está solo, pero tiene más intimidad. Lo que desea compartir se vuelve el eje central de una serie de experiencias que irán desenredando otras series de experiencias.

Las redes sociales, del tipo que sea, le permiten una libertad de expresión personal dentro de unos límites arbitrarios, ridículos y a veces estúpidos; relatos e historias de naturaleza fragmentada. Objetos que le hablan a través de la red y de sus avanzados dispositivos de mano. Edificios, paisajes y territorios que le hablan desde capas de información superpuestas, generadas en muchos casos por otras personas que las enriquecieron semánticamente, gráficamente, audiovisualmente.

En un mundo abocado a la generación compartida, la autoridad múltiple. La multiplicidad de voces que intervendrán al unísono en la construcción del relato contemporáneo que nos abriga, o nos aprieta. La revisión, la mejora, la remezcla; la naturaleza necesariamente inacabada entregada a ese proceso iterativo permanente de reconstrucción. Nuevas formas sensoriales vinculadas a estímulos extraordinarios: sonoros, visuales, auditivos, textuales. Sin que importe demasiado si son reales, sin son de verdad, si son ficción, o sueño o mentira. Limita un espacio íntimo para acoger esa conciencia de datos. La red es la que le da entrada, y la que da entrada al otro, al público. Ya no se siente raro. Sabe que es como todo el mundo. Por eso se etiqueta sólo para tus ojos.

Heredero de la dramaturgia

[5] Pablo Odell, Nueva York

Pablo Odell, Nueva York

Recompone su propia narrativa en aquellos escenarios capitales. Un deseo, un pensamiento luminoso y un gesto amable justo ahí donde quedó dibujado el horror y hoy se hunde un memorial de nombres, aguas y recuerdos. En el relato del horror las imágenes son esenciales en el equilibrio entre información y emociones. Funcionan como un extraño regulador ético y estético de un mundo en recomposición, en el que el espectador reconoce su educación artística convirtiendo ¡él mismo! en arte contemporáneo y considerándose como tal, “obra de arte”.

Fue al The Museum of Modern Art y comprendió que el público iba a exponerse. Recordó que el estado original de las cosas, es el caos. Se acomodó y observó todo lo que pasó por delante suyo. ¿Arte inspirado en una tragedia colectiva desde el yo?

[4] ¿Arte inspirado en una tragedia colectiva desde el yo pixelado?

El azar permitió que algunos vieran como se estrellaba contra la Torre Norte a las 08.46 hora local, el Vuelo 11 de American Airlines. Lo que parecía ser un accidente se convirtió en atentado cuando a las 09.03 de la mañana, el Vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur. Fotografías de un accidente en el World Trade Center de Nueva York, se convertían en noticia por todo el planeta a medida que avanzaba la mañana y se desplazaban los equipos de los medios al lugar del suceso. Se sospecha que habrá un montón de muertos, pero eso todavía no importa.

Los simuladores

Una forma de pensar que acentúa el papel de la razón y de las redes exocerebrales en el acceso al conocimiento, que subraya la experiencia sobre todo el sentido de la percepción como fuente de inspiración, nos empuja como seres humanos en los tiempos que vivimos. Buenos días para las relaciones entre personas que cuentan, que saben contar, que son tenidas en cuenta, y con las que se puede contar. Redes de gente afectadas por los profundos cambios que viven nuestras sociedades, depuran continuamente sus historias y sus acciones por el impacto de lo real. Ideas diferentes procedentes de distintos campos combinadas para dar nuevas, empapan nuestras circunstancias cotidianas sin que podamos impedirlo. Es fascinante.

Los simuladores es una serie de televisión argentina sobre un grupo de cuatro socios que mediante operativos de simulacro sofisticados resuelven problemas de gente común. La serie se emitió en Argentina por el canal de televisión Telefé en dos temporadas; la primera en 2002 y la segunda en 2003, obteniendo altísimos niveles de audiencia. A contrapelo del pensamiento políticamente correcto omnipresente en cualquier programa de entretenimiento, la serie no realiza ningún tipo de juicio ético o moral sobre el accionar del grupo; si bien es cierto que Los simuladores manejan su propio concepto de justicia.

En palabras de su creador, Damián Szifrón: «el postulado general sería que muchas veces lo justo es ilegal y lo injusto es legal. Y que ellos están para ordenar un poquito eso. Son invasivos, violan absolutamente cada una de las reglas que hay para violar, pero siempre el fin es noble. Son justos, pero políticamente incorrectos. Una de las cosas más interesante de esta producción argentina realizada –conviene tenerlo en cuenta– poco después del sonoro corralito, es que obligados por el escaso presupuesto con el que trabajaron, las diversas actividades que realizan los personajes no ocultan el artificio. Resaltar el carácter artificioso de lo que sucede en pantalla, estimulando la participación del espectador para dejarse arrastrar e introducirse en el terreno de la ficción (que bien podría ser el de su realidad, como le pasa a muchos de los personajes en las aventuras que nos proponen… creen que es real, y lo es).

El resultado son una serie de historias atractivas. Sostenidas por un conjunto de interpretaciones excelentes –todos y cada uno de los que aparecen en cámara están perfectos– de unos personajes complejos, ricos en matices. Los simuladores utilizan mínimos recursos para llevar a adelante sus trabajos y el ingenio y la creatividad son explotados hasta límites ridículos. Demostrando que no son necesarios enormes costos de producción para obtener un producto excelente.

Capítulo a capítulo, desfilan una serie de problemas que podrían ser como los suyos y los míos; y capítulo a capítulo, estas personas, los simuladores y su grupo de colaboradores, crece y crece a medida que se van sucediendo los casos. Fibrilan redes de soluciones que resultan bastante plausibles. Pretextos que hacen posible una sinfonía de detalles preciosos, nacidos de los puntos débiles de nuestras representaciones personales. Como si lo real en el artificio fuera en sí artífice de realidades; como si el teatro, fuera de sus paredes, también fuera un artilugio poderoso.

La red caerá

Dan Dennett

Dan Dennett

Vía El País / Marzo de 2014.

Dan Dennett , filósofo estadounidense, analiza las repercusiones de una caída total de la Red en el mundo digital. Es un hombre pausado. Con barba blanca y con aspecto de catedrático entrañable. Es uno de los filósofos de la ciencia más destacados en el ámbito de las ciencias cognitivas, especialmente en el estudio de la conciencia, intencionalidad, inteligencia artificial y de la memética. Son significativas sus aportaciones acerca del sentido actual del darwinismo y la religión. Dirige el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts, donde es catedrático de filosofía. Y desde 1987 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Se le conoce también como parte de los Cuatro Jinetes del Nuevo Ateísmo junto con Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens.

Fue en el escenario del TED donde comentó: «Internet se vendrá abajo y cuando lo haga viviremos oleadas de pánico mundial. Nuestra única posibilidad es sobrevivir a las primeras 48 horas. Para eso hemos de construir —si se me permite la analogía— un bote salvavidas». Los botes salvavidas son, según Dennett, el antiguo tejido social de organizaciones de todo tipo que se han visto (casi) aniquilados con la llegada de Internet. «Algunas tecnologías nos han hecho dependientes e Internet es el máximo ejemplo de ello: todo depende de la red. ¿Qué pasaría si se viniera abajo? Todo se iría a pique en cuestión de horas y los únicos que se han preparado para ello son todos esos chalados que construyen bunkers y almacenan armas (conocidos como “survivalistas». ¿De verdad queremos que ellos sean nuestra última esperanza?

Dennett, famoso por sus teorías sobre la conciencia y la evolución, y considerado como uno de los grandes teóricos del ateísmo, afirma: «Lo que digo no tiene nada de apocalíptico, puedes hablar con cualquier experto y te dirá lo mismo que yo, que es cuestión de tiempo que la red caiga. Lo único que digo es que deberíamos prepararnos: antes solía haber clubes sociales, congregaciones, iglesias, etcétera. Todo eso ha desaparecido o va a desaparecer. Si tuviéramos otra red humana a punto… Si supieras que puedes confiar en alguien, en tu vecino, en tu grupo de amigos, porque habéis previsto la situación, ¿no estarías más tranquilo? Internet es maravillosa pero tenemos que pensar que nunca hemos sido tan dependientes de algo. Jamás. Si lo piensas, es bastante irónico que lo que nos ha traído hasta aquí nos pueda llevar de vuelta a la edad de piedra».

«Desde la invención de la agricultura, hace 10.000 años, la cultura ha evolucionado de un modo puramente darwiniano pero la llegada de la tecnología ha acelerado ese proceso hasta un punto impredecible. El rol de la cultura ha cambiado completamente, exactamente lo mismo que pasa con la religión. Y la tecnología tiene un papel muy relevante en todo esto. ¿Hay solución? Por supuesto, los humanos somos increíbles previniendo catástrofes. Lo que pasa es que nadie recibe una medalla por algo que no ha pasado. Los héroes son siempre los que actúan a posteriori, pero no tengo ninguna duda de que la humanidad sabrá prepararse para lo que está por llegar».