Archivo de la categoría: Sociedad en red

Los poderosos

moises

Moisés Naím

¿Qué les está pasando a los poderosos? se pregunta Moisés NaÍm, autor del libro The end of power, de donde ha sido adaptado un artículo para El País.

Presidentes maniatados, magnates hundidos, ejércitos impotentes, obispos sin fieles… ¿Por qué el poder es cada vez más fugaz? Porque las barreras que protegen a los poderosos ya no son tan inexpugnables como antes. Y porque han proliferado los actores capaces de retar con éxito a los poderes tradicionales. Una creciente clase media, mejor informada y con mayor movilidad, está haciendo más difícil el ejercicio del poder. El poder también se desmorona en los campos de batalla y las salas de juntas. El poder militar tampoco es lo que era.

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La red caerá

Dan Dennett

Dan Dennett

Vía El País / Marzo de 2014.

Dan Dennett, filósofo estadounidense, analiza las repercusiones de una caída total de la Red en el mundo digital. Es un hombre pausado. Con barba blanca y con aspecto de catedrático entrañable. Es uno de los filósofos de la ciencia más destacados en el ámbito de las ciencias cognitivas, especialmente en el estudio de la conciencia, intencionalidad, inteligencia artificial y de la memética.

Son significativas sus aportaciones acerca del sentido actual del darwinismo y la religión. Dirige el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts, donde es catedrático de filosofía. Y desde 1987 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Se le conoce también como parte de los Cuatro Jinetes del Nuevo Ateísmo junto con Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens.

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El hombre mediocre

«Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad. El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida. Los gobernantes no crean ese estado de cosas; lo representan. El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio. El mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar con el que piensa distinto. Es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro. Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos.

José Ingenieros

José Ingenieros

Se comunica mediante monólogos y el aplauso. Esta actitud lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad. Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo. El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia. No soporta las formas, las confunde con formalidades, desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás. Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones, por las faltas que cometió.

La impunidad lo tranquiliza. Siempre hay mediocres, son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia. Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.

Hay más presencias personales que proyectos. La declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza” permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces».

Del libro El Hombre Mediocre, de José Ingenieros.

Javier Moscoso

Javier Moscoso, Filósofo¿Hemos pensado alguna vez que las pasiones tengan historia? ¿Hemos pensado alguna vez que el amor, el odio, la melancolía, los celos, todo aquello que pertenece a lo más íntimo, vaya más allá de nosotros mismos? Javier Moscoso nos invita a revisar la Historia para aprender a distinguir que el sujeto y las emociones han viajado juntos y se han transformado juntos. Y que nos hace falta, urgentemente, encajarlas en el discurso del pasado, «para rehacer una nueva mirada, una perspectiva intrigante y necesaria, que dé verdadero volumen y realidad al dibujo que nos hemos hecho de nosotros mismos».

Según él, más allá de su carácter psicológico e íntimo, las emociones también son un fenómeno cultural que exige un estudio de sus representaciones en el tiempo y las condiciones sociales en que se expresa. El dolor mayor es la ausencia de esperanza. Y eso es aplicable tanto a los enfermos terminales o con dolores crónicos, como al mundo social y político en el que vivimos inmersos. Los dolores de naturaleza política y la injusta distribución del daño, son los grandes protagonistas. La promesa de otorgar la mayor felicidad al mayor número posible de personas se ha venido abajo, y eso produce desconfianza, frustración, desasosiego y escepticismo político. La historia de las naciones, entre el siglo XIX y XX, es la historia de ese sistemático fracaso, de esas promesas incumplidas. El ser humano del Siglo XXI, busca refugio donde puede, desde las emociones íntimas a las comunitarias con sus nuevas estructuras y formas de actuación política.

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Redes exocerebrales

Al debatir acerca de la evolución del modo en que leemos actualmente el estudioso de la cultura política y sus sistemas simbólicos, Roger Bartra, opina que la utopía digital se ha estrellado contra la fuerza del papel, pues las pantallas, comparadas con las hojas de papel impreso, son primitivas, toscas, y poco amables.

Roger Bartra

Roger Bartra

Bartra opina que la digitalización de libros y artículos ha provocado cambios, tensión y nerviosismo, en la República de las Letras impresas, al grado de que muchos se preguntan si no estamos presenciando el comienzo de una era de decadencia del libro de papel, que culminaría con su desaparición. “Si el libro es una prótesis que forma parte de nuestras redes exocerebrales, no debe extrañarnos que pueda evolucionar hasta convertirse en un artefacto electrónicamente sofisticado que mantenga la sencillez original del invento pero la combine con los extraordinarios recursos de la digitalización”. Pero, avisa que debemos comprender que toda modificación de esta prótesis ha de provocar cambios profundos en nuestra conciencia, pues “la conciencia no es una sustancia o un proceso oculto en las redes neuronales dentro del cráneo, sino una red que se extiende por los sistemas simbólicos que, como el libro, nos sustentan como seres humanos racionales”.

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Los 3 filtros de Sócrates

–Maestro, escucha lo que aquel hombre a quien aprecias ha dicho de ti.

Acto seguido tomó una bocanada de aire, pero Sócrates lo interrumpió.

–Amigo –le respondió con calma. Antes de que me digas nada, debo preguntarte si has hecho pasar por el primer filtro el comentario que quieres hacerme.

–¿El primer filtro?

–Así es. ¿Sabes si lo que vas a contarme es cierto?

El discípulo, dubitativo, le explicó que no; que lo había oído de un vecino.

–Bien– continuó Sócrates. Pero al menos habrás considerado el segundo filtro. ¿Es bueno para mí lo que pretendes contarme?

–En realidad no, maestro. ¡Justamente es todo lo contrario!

–Pues bien– siguió Sócrates, con paciencia. –Seguramente habrás tenido en cuenta el tercer filtro. ¿Es útil para mí saber lo que vienes a contarme?

–¿Útil? –titubeó el discípulo. Y después de pensarlo un instante, le contestó:

–No, maestro. No es útil.

–Entonces, querido amigo– le sonrió Sócrates –si lo que has venido a decirme no es verdadero, ni bueno, ni útil, mejor sepultémoslo en el olvido.

Holonomía

La conciencia no es una sustancia o un proceso oculto en las redes neuronales
dentro del cráneo, sino una red que se extiende por los sistemas simbólicos que,
como el libro, nos sustentan como seres humanos racionales.

Roger Bartra

Holonomía personal

Holonomía

Anil Seth dice que «la realidad, al menos la que tiene que ver con la conciencia, no es muy distinta a una alucinación colectiva» y que «no sabemos cómo funciona o de qué está hecha la realidad, pero nuestro entendimiento colectivo del mundo depende de las palabras que utilizamos para comunicarnos entre nosotros».

No se trata de actos sagrados, no hay una fe única que trence nuestras acciones, sino compromisos. Nuestra palabra, la palabra dada. El habla del alma, la parte del relato que sólo tiene sentido cuando se comparte. Redes imprescindibles de personas que cuentan, que son tenidas en cuenta y con las que se puede contar. Redes de personas que viven arrebatadas por el cambio, en el devenir de las historias que significan continuamente.

Diferentes ideas procedentes de diferentes campos, combinadas para dar una idea resultado de la fusión de las primeras. «Ser capaz de ver lo nuevo en lo viejo y de distinguir a los ingeniosos de los ingenuos», suspira Paul Rand. «Avanzar por océanos de arena pensando en el rastro de los propios pasos y en la proeza de mover un colosal paisaje hacia atrás por razón de los breves pasos hacia adelante, aventura Jorge Wagensberg. Maravillas del mundo humano ser en esos relatos luminosos, leer y aprehenderse desde el cuerpo; qué hacer con lo que nos pasó, para qué la experiencia; en quiénes confiar con plenitud.

Entre lo divino y lo inhumano

Regina José Galindo

Regina José Galindo

Del sentir humano nacen muchas veces sentimientos que no podemos explicar con el lenguaje. Lo percibimos pero deriva hacia emociones que sobrepasan el entendimiento. Como en los sueños, algo que sabemos no es real huella en la amplitud de nuestra conciencia. Algo inimaginable, ni pensado a propósito, descansa lleno de un vacío asombroso hasta que lo iluminamos con la experiencia humana.

Más que un problema del tamaño

Jean-François Lyotard

Jean-François Lyotard

Jean-François Lyotard lanzó en 1979 la idea de que uno de los rasgos característicos del discurso de la Posmodernidad era la crisis de los grandes relatos. Las nuevas tecnologías expandieron esta hipótesis al ámbito entero de la narrativa, no solamente de ficción, sino también informativa. Se trata de la erosión del “gran formato” en beneficio de una proliferación de microrrelatos que amenazan tanto la soberanía de las formas novelísticas convencionales como la del discurso periodístico jerarquizado, anegado hoy por una muchedumbre de blogs alternativos a menudo incompatibles entre sí. Esto parece haber centrado la discusión en torno al tamaño de los formatos, sin duda tecnológica y económicamente relevante, pero puede que la cuestión espacial sea secundaria con respecto a la temporal.

La velocidad de transmisión de datos ha superado con mucho el plazo necesario para asimilar una noticia, comprender un argumento o elaborar una información. Un plazo que depende de limitaciones neurológicas sometidas a milenios de evolución y que, por tanto, no se pueden modificar tan fácilmente como el tamaño o la rapidez de los dispositivos portátiles. Desde la Poética de Aristóteles sabemos que un personaje sólo puede conservar su carácter si las peripecias que jalonan la obra no destruyen del todo la congruencia del relato; si los diferentes episodios no suponen una disgregación absoluta de la identidad. Y esta preceptiva, no gobierna únicamente la Bildungsroman, los escritos de formación, sino también el modo como los propios lectores de esas fábulas intentan construir una personalidad creíble y estable en un mundo cambiante que, a pesar de todo, sigue siendo el mismo.

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