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Alucinación colectiva

Científicos y filósofos están de acuerdo en algo: la conciencia humana es una alucinación colectiva

Un grupo de científicos y filósofos buscan las raíces de la conciencia, y para eso deben aprender unos de otros y dejar atrás sus certezas.

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Anil Seth es el director del Centro Sackler de las Ciencias de la Conciencia de la Universidad de Sussex, donde un equipo multidisciplinario de físicos, filósofos, científicos de computación y artistas aplican diferentes metodologías para identificar los mecanismos que componen la conciencia tal como la conocemos. Y lo que conocemos hasta ahora sobre la conciencia es precario y fragmentario: cada cultura, cada religión y rama de la ciencia tienen su propia aproximación al respecto. Es por eso que Seth ha propuesto que la realidad, al menos la que tiene que ver con la conciencia, no es muy distinta a una alucinación colectiva. No sabemos cómo funciona o de qué está hecha la realidad, pero nuestra conciencia la percibe de una determinada manera que nos es común a todos los miembros de la especie. Y por más sofisticadas que sean nuestras máquinas, nuestro entendimiento colectivo del mundo depende de las palabras que utilizamos para comunicarnos entre nosotros. No tenemos solamente la vista, el oído, el gusto, el tacto y el olfato, sino también un sentido de ubicación espacial, una memoria, un sentido del paso del tiempo y muchos más, que apenas comenzamos a comprender.

Vía www.ecoesfera.com

El sueño de Hester

Hester Scheurwater (1971)

Hester Scheurwater (1971)

Hester se retrata a sí misma como objeto de una investigación crítica con el papel de la mujer como un objeto sexual. Posa frente a un espejo buscando captar la apariencia externa de ese cuestionamiento crítico interior. Nos habla de que es su forma de reaccionar ante las imágenes que proyectan los medios de masas, constantemente llamando a nuestra imaginación con sucedáneos, sin autenticidad; sin la intención de ser tomado demasiado en serio tampoco.

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Ana María Oliva

Ana María Oliva

Ana María Oliva

Ana María Oliva, ingeniera biomédica y terapeuta. ¡Qué mujer! ¿Sabía yo que, justo en este instante, la célula más vieja de mi cuerpo, apenas tiene cinco años? A esas velocidades nuestro cuerpo se transforma. Sólo imaginar la cantidad de materia que ahorita fluye por ahí y que pasará a ser parte de nosotros, mientras otra, que ahora lo es, volverá a ser parte de este cosmos, en este rincón de la eternidad que compartimos, me emociona. Para Ana María nuestra alma es eterna. Destaca la idea de que cada pensamiento nos cambia el biocampo electromagnético. Las investigaciones de Konstantin Korotkov, doctor en Física y catedrático de la Universidad de San Petesburgo, confirman el biocampo, como un objeto psicofísico visible gracias a la imagen electrofotónica.

El trabajo de Ana María se centra en esta frontera de la ciencia, que le ha enseñado a autoregularse modulando pensamientos y actitudes. Opina que las enfermedades, son intentos del organismo para depurar conflictos y visiones nocivas del mundo y de nosotros mismos. Y que lo más saludable es saber que estamos aquí para aportar alguna cosa buena. ¿Somos luz? «La materia implica energía, medible: frecuencias de onda, unas invisibles y otras visibles. O sea, luz, y podríamos verla si nos entrenáramos». ¿El aura? «Sí, un campo bioeletromagnético. Lo generan los intercambios eléctricos de nuestros átomos y células. Desprenden biofotones».

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Las mil vidas

Brian Green

Brian Green

La idea de la existencia de un multiverso pone en perspectiva lo que hacemos cada día en nuestra experiencia cotidiana ya que sugiere, una realidad mayor. Te da un contexto muy distinto. Cambia el resultado del presente. Infinitos universos en los que infinitas versiones de uno mismo toman un camino distinto en cada una de las infinitas decisiones de la vida.

De eso nos habla Brian Greene (Nueva York, 1963), físico teórico en la Universidad de Columbia, en La realidad oculta (Crítica).

«La realidad oculta llega, además, en un momento en que los astrofísicos celebran el Premio Nobel al que consideran uno de sus mayores logros: el descubrimiento de que el universo se expande cada vez más rápido, impulsado por una fuerza de naturaleza del todo desconocida a la que han bautizado energía oscura».

Helen Keller

Diane Ackerman

Diane Ackerman

Comprendemos el mundo a través de los sentidos. Cuando nos describimos como seres sensibles, lo que queremos decir es que somos conscientes, que tenemos percepción sensorial. En «Una historial natural de los sentidos», (Anagrama, 1992), Diane Ackerman habla de Helen Keller; de quien dice fue una de las grandes “sensoriales” de todos los tiempos; alguien que gozó con las experiencias de los sentidos de forma extraordinaria.

Ciega, sorda, muda, Helen Keller tenía sus restantes sentidos tan finamente sintonizados que, cuando ponía las manos sobre la radio para gozar de la música, podía captar la diferencia entre los bronces y las cuerdas. Escuchaba las historias de su amigo Mark Twain, leyendo sus labios. Escribió extensamente sobre los aromas y gustos, texturas y sensaciones de la vida, que exploró con la voluptuosidad de una cortesana. A pesar de estar incapacitada, pocas personas de su generación tuvieron una vida tan plena como la suya.

Vamos a morir

 

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Richard Dawkins

«Vamos a morir, y esto es una suerte. La mayoría de gente no tendrá oportunidad de morir porque nunca habrá nacido. Las personas que podrían haberse encontrado aquí en mi lugar y que nunca verán la luz del día son más numerosas que los granos de arena de Arabia. Estos fantasmas no nacidos seguramente incluyen poetas más grandes que Keats y científicos más grandes que Newton. Podemos asegurarlo porque el conjunto de individualidades posibles que permite nuestro ADN excede con mucho el de personas reales. Entre las incontables posibilidades que podrían haberse materializado, somos el lector y yo, en nuestra medianía, los que estamos aquí».

Richard Dawkins, en Destejiendo el arco iris.