Archivos Mensuales: abril 2015

El sueño de Hester

Hester Scheurwater (1971)

Hester Scheurwater (1971)

Hester se retrata a sí misma como objeto de una investigación crítica con el papel de la mujer como un objeto sexual. Posa frente a un espejo buscando captar la apariencia externa de ese cuestionamiento crítico interior. Nos habla de que es su forma de reaccionar ante las imágenes que proyectan los medios de masas, constantemente llamando a nuestra imaginación con sucedáneos, sin autenticidad; sin la intención de ser tomado demasiado en serio tampoco.

Scheurwater busca revertir el efecto de esta convocatoria con sus reacciones orientadas a cambiar la relación de sujeto-objeto, pero sin ser víctima de ella. Un punto importante la no violencia en un trabajo sexualmente explícito que plantea discusiones sobre la supuesta sexualización de la sociedad.

Interesa su arte al feminismo, que lo comparte; se expone a nivel internacional y eso es una ayuda guía para los mirantes de este siglo nuevo; desvela, nos muestra; descubre una forma de ser en el lugar del deseo: no necesariamente el de un varón. Una fricción visual caracterizada pero despersonal de alguien que se expone, pero para consentir a otra persona; como instrumento para tomar envión y ser parte del otro. Nunca somos más sinceros que cuando representamos; nunca tan ciertos como cuando somos ficción.

Hester Scheurwater es artista; y reconocida como tal y por lo tanto, se dirige al montón: su imagen es para todos los públicos y multimediática: no distingue entre mi ego, yo, nosotros y todo el mundo. Y ahí radica la sigularidad de su atractivo: la experiencia de su obra puede continuar como algo propio; podemos reproducirla en nuestra intimidad –ser obradores de arte y ensayo– como casi siempre no sucede con la escultura, la pintura, la danza, el cine o la literatura. No sólo nos lleva, nos trae y prosigue el relato, sino que nos permite ser contados, ser cuento, y soportarlo; ser don, y dádiva.

Hester pone en nuestras manos volverlo algo personal, transferible pero sólo para tus ojos; esos ojos que me quieren mirar; esa mirada que quiero llamar para que nos veamos. Su arte nos enseña una manera de ser hoy en el erotismo; ocupar un campo visual en la curiosidad erótica de otra persona, o de otras personas, Fotograma de una experiencia audiovisual que continuará por los medios que cada uno tenga a mano.

Hester Scheurwater (1971)

Hester Scheurwater (1971)

 

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Maratón de retratos

Una experiencia para nuestra adicción contemporánea de imaginar que recuperaremos los momentos de la vida por volverlos imagen cuando su sentido es inmediato. La imagen, lo que representa para nosotros, tan auténtico como la vida misma y nosotros, meras cosas que sentimos. Vivir esos momentos sí, pero para que puedan ser recreados después; y perdurar en la imaginación con otros, en otros; en otra parte sensual que ya no es la realidad que compartimos con los sentidos. Lo eternamente del aquí y el ahora, el olvido de las mil palabras del relato de quien observa y captura el instante en una imagen; alguien que observa, que escribe con la mirada, y que es capaz de soportarlo.

Las cámaras digitales volvieron la visión ubicua: en todas partes, en cada momento, seres humanos vuelven todo lo inimaginable, un pantallazo. Los equipos para fotógrafos llegaron por fin al gran público y este respondió con la fotografía de masas, con la foto masiva, con la captura de pantalla a mansalva. Y los teléfonos smart integraron esas cámaras; y gracias a que su pantalla para operar con aplicaciones se volvió un espejo fundamental de nuestros espejismos, cerramos el círculo poniéndonos a nosotros mismos bajo el foco de nuestros propios ojos; generando cacofonías divinas en la escritura y lectura de nuestra identidad. Un enredo delicioso en la emisión y recepción de nuestra manera de ser; ruido simpático en el habla y empático en la escucha; con el cosmos o con la conciencia o con Dios. Una galaxia de egos girando sobre sí misma, divinamente, comiéndose la cola.

Ser una obra en exposición por un breve lapso de tiempo en una galería moderna de Barcelona; objeto de arte fugaz por la mirada del artista, que te dará obra a cambio sin deseo de lucro y con un fin trascendente: la mirada de un fotógrafo que no te conoce pero que es experto en mirar, pondrá en tus manos gracias a un intercambio justo y directo lo que reconoce de lo que le muestras, lo que ve de lo que eres. Inaccesible por lo general, salvo en esta ocasión del Maratón de retratos en que, además, podrás ver los distintos planos de su labor. Un esfuerzo del galerista, pausa en su programación cultural, una disposición técnica y profesionales muy buenos en lo suyo, con ganas de bregar imaginativamente con el personal. Con ganas de disparar sobre todo lo que destaque sobre el blanco del lienzo.