Sólo para tus ojos

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Viene tomando fotografías de sí mismo como si fuera una casa abandonada. De la oportunidad de significar lo que desea compartir con los demás, surge un equilibrio que lo abraza y lo integra haciéndolo humanamente más completo. La experiencia colectiva, la materialización de su sentido social, su retroalimentación a través de la red.

Su forma de vivir ha cambiado; ha cambiado su forma de leer. Ha cambiado su literatura; lo literario se expresa hoy de modos muy diversos. El lienzo en que dibuja sus relatos, es distinto. Su creación, su producción, su realización, su publicación es diferente. La vibración del intercambio apenas comienza a tener su propia música, acorde a melodías que recrean el presente en planos bien diferenciados.

Atiende los vínculos entre todas estas transformaciones. La oportunidad de construir lazos significativos entre lo personal y su proyección frente a las necesidades, aspiraciones y valores de quienes también participan. Conexiones que provienen de sistemas emergentes a cubierto entre el consumo y la socialización. Asume riesgos. Su transformación, su emergencia, no es cómoda. Se elimina el aislamiento a medida que se facilita la conectividad. El vínculo constante con otras personas transforma su experiencia vital en un bien extraño. Intangible y al mismo tiempo, mutable. En cualquier lugar, y en ninguno. Lo posee y, sin embargo, no lo tiene. Una relación nacida de una red de relaciones nacidas. Vínculos con quienes lo ven, lo leen o lo miran.

Pocas son las competencias tradicionales que le sirven ahora. Se ve obligado a adquirir nuevas y a compartir privilegios creativos con un conglomerado de participantes que colaboran en la definición de esas relaciones. Ya no está solo, pero tiene más intimidad. Lo que desea compartir se vuelve el eje central de una serie de experiencias que irán desenredando otras series de experiencias.

Las redes sociales, del tipo que sea, le permiten una libertad de expresión personal dentro de unos límites arbitrarios, ridículos y a veces estúpidos; relatos e historias de naturaleza fragmentada. Objetos que le hablan a través de la red y de sus avanzados dispositivos de mano. Edificios, paisajes y territorios que le hablan desde capas de información superpuestas, generadas en muchos casos por otras personas que las enriquecieron semánticamente, gráficamente, audiovisualmente.

En un mundo abocado a la generación compartida, la autoridad múltiple. La multiplicidad de voces que intervendrán al unísono en la construcción del relato contemporáneo que nos abriga, o nos aprieta. La revisión, la mejora, la remezcla; la naturaleza necesariamente inacabada entregada a ese proceso iterativo permanente de reconstrucción. Nuevas formas sensoriales vinculadas a estímulos extraordinarios: sonoros, visuales, auditivos, textuales. Sin que importe demasiado si son reales, sin son de verdad, si son ficción, o sueño o mentira. Limita un espacio íntimo para acoger esa conciencia de datos. La red es la que le da entrada, y la que da entrada al otro, al público. Ya no se siente raro. Sabe que es como todo el mundo. Por eso se etiqueta sólo para tus ojos.

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