Archivos Mensuales: septiembre 2014

Sólo para tus ojos

atall

Viene tomando fotografías de sí mismo como si fuera una casa abandonada. De la oportunidad de significar lo que desea compartir con los demás, surge un equilibrio que lo abraza y lo integra haciéndolo humanamente más completo. La experiencia colectiva, la materialización de su sentido social, su retroalimentación a través de la red.

Su forma de vivir ha cambiado; ha cambiado su forma de leer. Ha cambiado su literatura; lo literario se expresa hoy de modos muy diversos. El lienzo en que dibuja sus relatos, es distinto. Su creación, su producción, su realización, su publicación es diferente. La vibración del intercambio apenas comienza a tener su propia música, acorde a melodías que recrean el presente en planos bien diferenciados.

Atiende los vínculos entre todas estas transformaciones. La oportunidad de construir lazos significativos entre lo personal y su proyección frente a las necesidades, aspiraciones y valores de quienes también participan. Conexiones que provienen de sistemas emergentes a cubierto entre el consumo y la socialización. Asume riesgos. Su transformación, su emergencia, no es cómoda. Se elimina el aislamiento a medida que se facilita la conectividad. El vínculo constante con otras personas transforma su experiencia vital en un bien extraño. Intangible y al mismo tiempo, mutable. En cualquier lugar, y en ninguno. Lo posee y, sin embargo, no lo tiene. Una relación nacida de una red de relaciones nacidas. Vínculos con quienes lo ven, lo leen o lo miran.

Pocas son las competencias tradicionales que le sirven ahora. Se ve obligado a adquirir nuevas y a compartir privilegios creativos con un conglomerado de participantes que colaboran en la definición de esas relaciones. Ya no está solo, pero tiene más intimidad. Lo que desea compartir se vuelve el eje central de una serie de experiencias que irán desenredando otras series de experiencias.

Las redes sociales, del tipo que sea, le permiten una libertad de expresión personal dentro de unos límites arbitrarios, ridículos y a veces estúpidos; relatos e historias de naturaleza fragmentada. Objetos que le hablan a través de la red y de sus avanzados dispositivos de mano. Edificios, paisajes y territorios que le hablan desde capas de información superpuestas, generadas en muchos casos por otras personas que las enriquecieron semánticamente, gráficamente, audiovisualmente.

En un mundo abocado a la generación compartida, la autoridad múltiple. La multiplicidad de voces que intervendrán al unísono en la construcción del relato contemporáneo que nos abriga, o nos aprieta. La revisión, la mejora, la remezcla; la naturaleza necesariamente inacabada entregada a ese proceso iterativo permanente de reconstrucción. Nuevas formas sensoriales vinculadas a estímulos extraordinarios: sonoros, visuales, auditivos, textuales. Sin que importe demasiado si son reales, sin son de verdad, si son ficción, o sueño o mentira. Limita un espacio íntimo para acoger esa conciencia de datos. La red es la que le da entrada, y la que da entrada al otro, al público. Ya no se siente raro. Sabe que es como todo el mundo. Por eso se etiqueta sólo para tus ojos.

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Heredero de la dramaturgia

[5] Pablo Odell, Nueva York

Pablo Odell, Nueva York

Recompone su propia narrativa en aquellos escenarios capitales. Un deseo, un pensamiento luminoso y un gesto amable justo ahí donde quedó dibujado el horror y hoy se hunde un memorial de nombres, aguas y recuerdos. En el relato del horror las imágenes son esenciales en el equilibrio entre información y emociones. Funcionan como un extraño regulador ético y estético de un mundo en recomposición, en el que el espectador reconoce su educación artística convirtiendo ¡él mismo! en arte contemporáneo y considerándose como tal, “obra de arte”.

Fue al The Museum of Modern Art y comprendió que el público iba a exponerse. Recordó que el estado original de las cosas, es el caos. Se acomodó y observó todo lo que pasó por delante suyo. ¿Arte inspirado en una tragedia colectiva desde el yo?

[4] ¿Arte inspirado en una tragedia colectiva desde el yo pixelado?

El azar permitió que algunos vieran como se estrellaba contra la Torre Norte a las 08.46 hora local, el Vuelo 11 de American Airlines. Lo que parecía ser un accidente se convirtió en atentado cuando a las 09.03 de la mañana, el Vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur. Fotografías de un accidente en el World Trade Center de Nueva York, se convertían en noticia por todo el planeta a medida que avanzaba la mañana y se desplazaban los equipos de los medios al lugar del suceso. Se sospecha que habrá un montón de muertos, pero eso todavía no importa.

El cuerpo como una cosa que siente

Sexting

Encontró en la experiencia común el sentir del relieve que adopta el mundo al percibirlo socialmente. El sentir del deseo estimulado, el tacto visual. El propio cuerpo percibido como un vestido. Las tensiones de su ser orgánico. Una especie de mecanismo poético conectado; la palabra visual, la expresión de un estado de ánimo; la manifestación de una voluntad que nos permite anticipar –lo poético– lo genuino en la piel del ser contemporáneo, tan repleto de artificio.

Las comunicaciones se volvieron multimedia y ubicuas y con ellas la imposición actual de aquellas experiencias que generan dependencia. Una anticipación que es a su vez su propio culmen y su superación. Una inspiración desmesurada y excesiva, filosofar –tan adictivo como las drogas–, necesidades difusas que sólo pueden satisfacerse de un modo provisional e inestable. «¿Cómo puede la actividad intelectual, por ejemplo desde la filosofía, y la corpórea, por ejemplo desde la sexualidad, mantenerse y sobrevivir sino es sosteniéndose la una a la otra, dando origen así a una nueva experiencia?» se pregunta Mario Perniola, en El sex appeal de lo inorgánico (Trama editorial).

No estamos enfrentando el mundo divino y el mundo animal, sino el mundo sin alma y opaco de las cosas. La filosofía y la sexualidad, su ayuntamiento, en la experiencia de darse (el cuerpo) como una cosa que siente y el tomar, como una cosa que siente (el cuerpo), creando un estado afín, provisional, inestable. De la utopía de la completud despreocupada de todo lo que no sea la prosecución infinita de placer sensual, resurge una sexualidad más neutra –infinita– que impone una dependencia –infinita– porque se sustrae a los ritmos y a las alternancias biológicas y su fugaz devenir en el tiempo; construida por el filosofar y nutrida del impulso excesivo de lo sexual. Convertidos en cosas que sienten, vacilo, siento temor y me resisto a nuevos escenarios cuyo protagonista ya no será Dios, ni el animal, ni mucho menos la mujer o el hombre, sino las cosas.

Jennifer Lawrence

Jennifer Lawrence

«Cuando encontráis la realización de la cosa que siente en el cunilingus o en la felación de vuestra pareja, cuando advertís en el despliegue del filosofar el movimiento imparable que os lleva a chupar el coño, la polla o el culo de vuestra pareja convertida en una extensión neutra e ilimitada, cuando vosotros mismos ofrecéis vuestro cuerpo como un paisaje vasto para que lo recorran las manos, los ojos, la boca de vuestro amante, cuando no os interesa ni excita ni atrae otra cosa que repetir cada noche la ceremonia de la doble metamorfósis de la filosofía en sexo y del sexo en filosofía, entonces tal vez habréis alineado vuestros cuerpos, festejado el triunfo de la cosa sobre el todo, la mente y el cuerpo a las extremas regiones de lo no viviente, a las que tal vez aspiraran desde siempre», Mario Perniola.

A partir del momento en que la ciencia ficción introdujo entre el ser humano y el robot figuras intermedias que presentan aspectos tanto del uno como del otro, se abrió toda una vasta problemática que remite a la naturaleza de un sentir que no es aún plenamente humano (replicante, androide, simulacro), o que no es ya del todo humano (cyborg). Esta sexualidad nueva, desconocida, abre nuevas dimensiones que no constituyen mutaciones antropológicas pero, nos suspenden en una virtualidad diferente tanto del dato como de la imaginación: el cuerpo que está entre mis brazos es tan verdadero como el que veo. Una realidad virtual, pero no en el sentido en que normalmente se entiende de una experiencia ilusoria, imitada, simulada; sino el ingreso en otra dimensión, por así decirlo, ontológicamente distinta. Diferente a todas las cosas que existen. Sigue siendo un pseudoanimal y un semidiós; no se alejará del funcionalismo del orgasmo en el éxtasis corpóreo pero lo irá integrando en una sola experiencia: el orgasmo extendido, neutralizado en un éxtasis más amplio y duradero.

Aceptará el enriquecimiento que experimenta su cuerpo, en tanto que cosa que siente; capaz de apreciar en su infinita posibilidad la fuerza transgresora de esta idea: que entre lo virtual y lo real no existe diferencia real o virtual para nuestros cuerpos. A pesar de la insistencia en relatarlo, retratarlo, enseñarlo, darlo como una cosa que siente. Una desexualización de los órganos sexuales y, recíprocamente, la sexualización de otros órganos; como si liberados de su dependencia funcional, se volvieran capaces de una sensibilidad autónoma y una mayor libertad de relación. La verdadera oposición no es entre alma y cuerpo, sino entre vida y vestidura. La belleza de los cuerpos, su género, su edad, carecen de importancia. Lo que cuenta es su disposición y aptitud para cubrir y ser cubiertos, para vestir y ser vestidos, par envolver y ser envueltos en trajes carnales, que ya no pueden distinguirse de otros trajes, ropas o tatuajes, que habitualmente la ocultan.

La excitación sentida como algo que se añade al cuerpo como un vestido, estimula formas de pensar esta nueva sexualidad desde el fetiche: que, aunque por un lado ofrezca toda una vertiente caricaturesca –nos ayuda a reírnos de nosotros mismos–, reúne los requisitos que iluminan el meollo del vínculo entre filosofía y sexualidad –nos ayuda en nuestra trascendencia–; que hoy es posible captar y desarrollar distinto gracias a los medios integrados que tenemos a disposición, ubicuos, y a la forma en que nos conectamos a través de ellos. El fetiche no como un Dios o una Diosa, no como producto de la divinización de un modo de ser humano ni, la materialización de un ideal de perfección: al contrario, algo más bien anicónico, ajeno a toda sensualidad cualitativa: si todo puede convertirse en fetiche y todo puede dejar de serlo, entre todas las imágenes, la que me envías a mi; entre los millones de fotografías, la tuya.

Transita de entidad en entidad según su deseo y según el deseo de otros. Significándolo todo con una implacable universalidad rectificatoria. Abstracciones externamente tangibles actuando desde la magia sobre la idea de Dios, buscando suscitar efectos y experiencias que el ser humano no es capaz de generar por sí sólo. Confunde los límites entre la acción escénica y la cotidianeidad porque sus comportamientos corrientes son entendidos como representaciones y los hechos, como algo teatral modelado en las conductas y los rituales de la vida real. La actitud performativa pues, traspasando todo límite e impregnado la existencia entera. Su color de la esperanza de su sentir contemporáneo, verte.

Moderna hibridación

Imagen de la película «Irreversible», 2003

Imagen de la película «Irreversible», 2003

Salta de la cama a los titulares de la mañana que huelen a café. Alterna entre los canales de noticias por televisión más influyentes en los cuales las cosas pasan porque te las están contando. Escucha cualquier tertulia, repasa sitios y aplicaciones en Internet. En todos quedan plazas libres para una sesión del horror espantoso de que es capaz el ser humano. Casi todo gratis, además, porque pagaron otros. Elija menú.

Entre la información chatarra rebuscando el suceso, rojos que indiquen sangre, lo escabroso. Personas viviendo su vida dentro de lo normal, adictas a esas toxinas publicitadas. Gente con dificultades para generar expectativas, cansada, ansiosa, deprimida, enferma o desequilibrada; para ellos esos cuentos de terror, esos cables al miedo. Los medios, que enseñan tanto renunciando a la enseñanza; cosas que se publican porque se toleran, y pasan a formar parte del gran nosotros social.

Hay otros contenidos y otros públicos. Proposiciones honestas para audiencias que atienden la actualidad informativa pero sin entrar en los detalles, superficialmente. Concentrados en los temas que para ellos son de interés real: los Deportes por ejemplo, la Economía, la Política, o la Cultura. Esas cosas que se entienden como tales, por sí solas; como si no tuvieran que ver unas con otras y que a veces, a modo de moneda social, entremezclan sus episodios más extremos intercambiando papeles, como cuando un futbolista, se enrolla con una modelo de modas, y termina posando.

Lee en el diario que violaron a un montón de mujeres en lo que vamos de año y en televisión, un reportaje sobre la violencia de género antes de irse a dormir. Escucha tertulias donde se opina a favor y en contra de la castración química. Espía al llegar a casa el blog de una adolescente camboyana que sufrió agresiones sexuales cuando estudiaba en Paris; un relato en línea financiado por una editorial que ya compró los derechos sobre la imagen de su cuerpo desnudo (que todos nos morimos por ver). Comentado en un reparto de bilis equitativo en Twitter y Facebook sobre lo mal que está todo, forma parte de ello, lo tolera. Y se pone a ver «Irreversible» y así poder comentar la escena, criticada por explícita, en la que Mónica Bellucci es violentada con brutalidad, desde un punto de vista fotográfico.

La narración constante del abuso, la remezcla una y otra vez pero sin llegar hasta el fondo. Lo justo para temer no sea uno o un ser querido pero insuficiente, si de lo que se trata es de detener una masacre. Narrativas que se encuentran con el público a gran escala, de eso no hay duda, pero sin efecto realmente debido al caos de la abundancia. Por la costumbre, porque siempre fue así, por desinterés.

El éxito que hoy tiene que ver con las historias que cubren y descubren. Pocas pero precisas indicaciones y diálogos veloces entre parámetros visuales y sonoros predefinidos. Si hoy como público es posible leer, ver y oír en sincronía, es gracias al aprendizaje que tuvimos como consumidores. Participamos del arte y sus renovadas narrativas desde la fuente, más que desde su caudal; más de la semilla que de la madera; como parte de esos escritos con cuidado y paciencia: somos su elemento preferencial.

El fenómeno no es casual; a veces pasa que se viven tiempos de cambio en el paradigma de lo que se puede y lo que no. La obra de Shakespeare, la serialización de relatos en diarios y revistas, los libros electrónicos reinventaron formas de leer pero, no la lectura. Las innovaciones tecnológicas y el salto cualitativo de los profesionales involucrados, parecen no ser suficiente. La pornografía en la cresta de la ola de las novedades más rabiosas, aceptada masivamente por gran parte del público de todo el planeta, a la vanguardia de la más moderna hibridación.