Archivos Mensuales: agosto 2014

Iconofilias

Jennifer Garner

Jennifer Garner

«En los últimos años hemos asistido al cultivo de nuevo mito heróico en el cine y la televisión americana: la agente de contraespionaje que lucha en un medio hostil», Jordi Balló, La Vanguardia.

Se crea un mito contemporáneo. Aparece cuando somos capaces de comparar una serie de interpretaciones simultáneas que nos indican el camino de un personaje de tipo nuevo. La heroína que trabaja en el contraespionaje norteamericano y que tiene el sentido profundo de una misión que ha de llevar a cabo ante la oposición de sus mismos colegas, convertidos en obstáculo principal hacia su objetivo.

Jennifer Chastain

Jennifer Chastain

Vuelca su atención sobre tres referencias concretas: Jennifer Garner interpretando a la agente Bristow de la serie Alias. Jennifer Chastain, encarnando a la agente Maya en La noche más oscura. Y Claire Danes como la agente Mathison, en Homeland. Las tres tienen en común, es evidente, que son mujeres pero, aquí el factor de género es esencial; porque la feminidad centra en gran medida la figura del rechazo de sus opiniones por parte de un entorno masculino.

Comparten estos personajes además caracteres obsesivos, solitarios y melancólicos. Impulsivos, pero con un deje de tristeza que no las abandona nunca. No hay felicidad posible para estas heroínas aún asumiendo su objetivo final, como si tuvieran que pagar el precio de un afán excesivo.

Claire Danes

Claire Danes

Mujeres que encarnan a la perfección del momento de moda. La dificultad superior de una mujer para desarrollarse en un entorno característicamente masculino, que le es hostil. No sólo tienen que luchar contra la ignorancia, la corrupción y el sistema de intereses urdidos por los hombres que controlan el aparato político sino que además han de pagar el precio de su vida íntima por ello; que siempre queda de alguna manera comprometida, o ausente, de manera muy diferente a cómo se aborda esta dualidad en el héroe hombre.

La apuesta es clara, concluye Jordi: «Es en manos de estas mujeres íntegras donde descansa ahora mismo el mensaje positivo de las tramas conspiradoras. El mundo se salva cuando son escuchadas. Y lo más importante, no están dispuestas a agachar la cabeza».

Angelina Jolie

Angelina Jolie

En una ocasión le hicieron llegar a Angelina Jolie una propuesta para hacer de chica Bond. Muchísima presencia en cámara, apariencia súper sexy y mucho dinero. «Diles que nada de chica Bond, que yo quiero ser James Bond». En julio de 2010, se estrenaría Salt, en la que la celebrada actriz interpreta a Evelyn Salt, una agente de la CIA acusada de ser una agente de la KGB…

Parece claro que hoy día el cine, las series, los videojuegos, los libros y la red, nos están proponiendo este tipo de personaje, cuyo interés real es que cualquier mujer puede ser uno de esos tipos de mujer.

Se trata es, cierto, de arquetipos que ya de raíz vienen cortados por el sistema. Es entonces que entramos nosotros, el público, los lectores, los jugadores… finalmente personas en red con otras personas, con la capacidad de extrapolar y pensar escenarios alternativos. Corremos la cortina de que es es wonder, de que son todas estupendas y de que sus correlatos son increíbles. Y nos centramos en la mujer y su desafío. Claudia Paz y Paz en Guatemala, por ejemplo, en su entorno hostil concreto relacionado a su labor como Fiscal General del país. El Hillary Clinton, como Secretaria de Estado del Gobierno de los EEUU. Y así, miles y miles de mujeres hasta llegar a nuestras ciudades, nuestros vecindarios, nuestra propia casa.

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Los simuladores

Una forma de pensar que acentúa el papel de la razón y de las redes exocerebrales en el acceso al conocimiento, que subraya la experiencia sobre todo el sentido de la percepción como fuente de inspiración, nos empuja como seres humanos en los tiempos que vivimos. Buenos días para las relaciones entre personas que cuentan, que saben contar, que son tenidas en cuenta, y con las que se puede contar. Redes de gente afectadas por los profundos cambios que viven nuestras sociedades, depuran continuamente sus historias y sus acciones por el impacto de lo real. Ideas diferentes procedentes de distintos campos combinadas para dar nuevas, empapan nuestras circunstancias cotidianas sin que podamos impedirlo. Es fascinante.

Los simuladores es una serie de televisión argentina sobre un grupo de cuatro socios que mediante operativos de simulacro sofisticados resuelven problemas de gente común. La serie se emitió en Argentina por el canal de televisión Telefé en dos temporadas; la primera en 2002 y la segunda en 2003, obteniendo altísimos niveles de audiencia. A contrapelo del pensamiento políticamente correcto omnipresente en cualquier programa de entretenimiento, la serie no realiza ningún tipo de juicio ético o moral sobre el accionar del grupo; si bien es cierto que Los simuladores manejan su propio concepto de justicia.

En palabras de su creador, Damián Szifrón: «el postulado general sería que muchas veces lo justo es ilegal y lo injusto es legal. Y que ellos están para ordenar un poquito eso. Son invasivos, violan absolutamente cada una de las reglas que hay para violar, pero siempre el fin es noble. Son justos, pero políticamente incorrectos. Una de las cosas más interesante de esta producción argentina realizada –conviene tenerlo en cuenta– poco después del sonoro corralito, es que obligados por el escaso presupuesto con el que trabajaron, las diversas actividades que realizan los personajes no ocultan el artificio. Resaltar el carácter artificioso de lo que sucede en pantalla, estimulando la participación del espectador para dejarse arrastrar e introducirse en el terreno de la ficción (que bien podría ser el de su realidad, como le pasa a muchos de los personajes en las aventuras que nos proponen… creen que es real, y lo es).

El resultado son una serie de historias atractivas. Sostenidas por un conjunto de interpretaciones excelentes –todos y cada uno de los que aparecen en cámara están perfectos– de unos personajes complejos, ricos en matices. Los simuladores utilizan mínimos recursos para llevar a adelante sus trabajos y el ingenio y la creatividad son explotados hasta límites ridículos. Demostrando que no son necesarios enormes costos de producción para obtener un producto excelente.

Capítulo a capítulo, desfilan una serie de problemas que podrían ser como los suyos y los míos; y capítulo a capítulo, estas personas, los simuladores y su grupo de colaboradores, crece y crece a medida que se van sucediendo los casos. Fibrilan redes de soluciones que resultan bastante plausibles. Pretextos que hacen posible una sinfonía de detalles preciosos, nacidos de los puntos débiles de nuestras representaciones personales. Como si lo real en el artificio fuera en sí artífice de realidades; como si el teatro, fuera de sus paredes, también fuera un artilugio poderoso.