Archivos Mensuales: julio 2014

La red caerá

Dan Dennett

Dan Dennett

Vía El País / Marzo de 2014.

Dan Dennett, filósofo estadounidense, analiza las repercusiones de una caída total de la Red en el mundo digital. Es un hombre pausado. Con barba blanca y con aspecto de catedrático entrañable. Es uno de los filósofos de la ciencia más destacados en el ámbito de las ciencias cognitivas, especialmente en el estudio de la conciencia, intencionalidad, inteligencia artificial y de la memética.

Son significativas sus aportaciones acerca del sentido actual del darwinismo y la religión. Dirige el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts, donde es catedrático de filosofía. Y desde 1987 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Se le conoce también como parte de los Cuatro Jinetes del Nuevo Ateísmo junto con Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens.

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El hombre mediocre

«Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad. El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida. Los gobernantes no crean ese estado de cosas; lo representan. El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio. El mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar con el que piensa distinto. Es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro. Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos.

José Ingenieros

José Ingenieros

Se comunica mediante monólogos y el aplauso. Esta actitud lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad. Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo. El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia. No soporta las formas, las confunde con formalidades, desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás. Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones, por las faltas que cometió.

La impunidad lo tranquiliza. Siempre hay mediocres, son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia. Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.

Hay más presencias personales que proyectos. La declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza” permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces».

Del libro El Hombre Mediocre, de José Ingenieros.

Javier Moscoso

Javier Moscoso, Filósofo¿Hemos pensado alguna vez que las pasiones tengan historia? ¿Hemos pensado alguna vez que el amor, el odio, la melancolía, los celos, todo aquello que pertenece a lo más íntimo, vaya más allá de nosotros mismos? Javier Moscoso nos invita a revisar la Historia para aprender a distinguir que el sujeto y las emociones han viajado juntos y se han transformado juntos. Y que nos hace falta, urgentemente, encajarlas en el discurso del pasado, «para rehacer una nueva mirada, una perspectiva intrigante y necesaria, que dé verdadero volumen y realidad al dibujo que nos hemos hecho de nosotros mismos».

Según él, más allá de su carácter psicológico e íntimo, las emociones también son un fenómeno cultural que exige un estudio de sus representaciones en el tiempo y las condiciones sociales en que se expresa. El dolor mayor es la ausencia de esperanza. Y eso es aplicable tanto a los enfermos terminales o con dolores crónicos, como al mundo social y político en el que vivimos inmersos. Los dolores de naturaleza política y la injusta distribución del daño, son los grandes protagonistas. La promesa de otorgar la mayor felicidad al mayor número posible de personas se ha venido abajo, y eso produce desconfianza, frustración, desasosiego y escepticismo político. La historia de las naciones, entre el siglo XIX y XX, es la historia de ese sistemático fracaso, de esas promesas incumplidas. El ser humano del Siglo XXI, busca refugio donde puede, desde las emociones íntimas a las comunitarias con sus nuevas estructuras y formas de actuación política.

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