Archivos Mensuales: julio 2014

El mundo como somos

Esta pintura increíblemente realista de Morgan Freeman fue creada con tan sólo un dedo en un iPad Air, todo en una sola capa. El artista Kyle Lambert es un pintor de óleo profesional, y un ilustrador entrenado del Reino Unido.

Interpretamos lo que experimentamos por medio de mapas mentales. Damos por sentado que el modo en que vemos las cosas es como en realidad son; supuesto que da origen a nuestra conducta y muchas de nuestras actitudes. Vemos el mundo como somos. El efecto del condicionamiento sobre nuestras percepciones es poderoso; un efecto inconsciente que da forma a nuestros marcos de referencia: familia, amigos, normas sociales, puntos de vista.

Cambiar nuestras actitudes y conductas es inútil si no examinamos los paradigmas de donde surgen. A veces la realidad está en nuestras manos, o en nuestros dedos, como en el caso Kyle Lambert. Y la recreamos de tal forma, que nuestra relación con los demás se condiciona. Vivimos y creamos nuestras propias condiciones de vida transformando el mundo y la forma en que lo percibimos. Al mismo tiempo que vamos construyendo representaciones mentales de él; reflejando de una manera variable, cambiante, las diversas formas que adopta la vida.

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La red caerá

Dan Dennett

Dan Dennett

Vía El País / Marzo de 2014.

Dan Dennett , filósofo estadounidense, analiza las repercusiones de una caída total de la Red en el mundo digital. Es un hombre pausado. Con barba blanca y con aspecto de catedrático entrañable. Es uno de los filósofos de la ciencia más destacados en el ámbito de las ciencias cognitivas, especialmente en el estudio de la conciencia, intencionalidad, inteligencia artificial y de la memética. Son significativas sus aportaciones acerca del sentido actual del darwinismo y la religión. Dirige el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts, donde es catedrático de filosofía. Y desde 1987 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Se le conoce también como parte de los Cuatro Jinetes del Nuevo Ateísmo junto con Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens.

Fue en el escenario del TED donde comentó: «Internet se vendrá abajo y cuando lo haga viviremos oleadas de pánico mundial. Nuestra única posibilidad es sobrevivir a las primeras 48 horas. Para eso hemos de construir —si se me permite la analogía— un bote salvavidas». Los botes salvavidas son, según Dennett, el antiguo tejido social de organizaciones de todo tipo que se han visto (casi) aniquilados con la llegada de Internet. «Algunas tecnologías nos han hecho dependientes e Internet es el máximo ejemplo de ello: todo depende de la red. ¿Qué pasaría si se viniera abajo? Todo se iría a pique en cuestión de horas y los únicos que se han preparado para ello son todos esos chalados que construyen bunkers y almacenan armas (conocidos como “survivalistas». ¿De verdad queremos que ellos sean nuestra última esperanza?

Dennett, famoso por sus teorías sobre la conciencia y la evolución, y considerado como uno de los grandes teóricos del ateísmo, afirma: «Lo que digo no tiene nada de apocalíptico, puedes hablar con cualquier experto y te dirá lo mismo que yo, que es cuestión de tiempo que la red caiga. Lo único que digo es que deberíamos prepararnos: antes solía haber clubes sociales, congregaciones, iglesias, etcétera. Todo eso ha desaparecido o va a desaparecer. Si tuviéramos otra red humana a punto… Si supieras que puedes confiar en alguien, en tu vecino, en tu grupo de amigos, porque habéis previsto la situación, ¿no estarías más tranquilo? Internet es maravillosa pero tenemos que pensar que nunca hemos sido tan dependientes de algo. Jamás. Si lo piensas, es bastante irónico que lo que nos ha traído hasta aquí nos pueda llevar de vuelta a la edad de piedra».

«Desde la invención de la agricultura, hace 10.000 años, la cultura ha evolucionado de un modo puramente darwiniano pero la llegada de la tecnología ha acelerado ese proceso hasta un punto impredecible. El rol de la cultura ha cambiado completamente, exactamente lo mismo que pasa con la religión. Y la tecnología tiene un papel muy relevante en todo esto. ¿Hay solución? Por supuesto, los humanos somos increíbles previniendo catástrofes. Lo que pasa es que nadie recibe una medalla por algo que no ha pasado. Los héroes son siempre los que actúan a posteriori, pero no tengo ninguna duda de que la humanidad sabrá prepararse para lo que está por llegar».

El hombre mediocre

> Vía Zvi Z.

Del libro El Hombre Mediocre, de José Ingenieros.

«Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad. El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida.

Los gobernantes no crean ese estado de cosas; lo representan. El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio.

El mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar con el que piensa distinto. Es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro. Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos.

José Ingenieros

José Ingenieros

Se comunica mediante monólogos y el aplauso. Esta actitud lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad. Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo. El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia.

No soporta las formas, las confunde con formalidades, desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás. Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones, por las faltas que cometió.

La impunidad lo tranquiliza. Siempre hay mediocres, son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia. Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.

Hay más presencias personales que proyectos. La declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza” permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces».

El patrón del mal

Escobar, el patrón del mal

Escobar, el patrón del mal

A propósito de  Fargo, comentaba que «Quizá el tema no sea cómo participa el público de estas experiencias, cómo se involucran, cómo devienen fans, sino cómo perciben, como ven, como leen el resto de las cosas de la vida real, después». La audiencia, que conoció los hechos por los medios, que los vivió en su propia piel, ¿percibe la vida del mismo modo después de la ficción? ¿Somos como leemos? La ficción, como la vida misma. La vida misma, como una ficción. ¿Cómo así éstas narrativas, qué empuje discursivo nos proponen, cómo nos afectan a una audiencia… fibrilada en lo virtual como nunca antes en la historia de la humanidad?

Fargo, me llevó a preguntarme «qué papel jugarán esos desarrollos argumentales en la humanidad a medida que evoluciona la clonación humana, lo cyborg, la inteligencia artificial». Escobar, el patrón del mal, en cambio, es perfecta para plantearse el relato de la Historia de nuestra sociedad contemporánea… en Colombia, y en el conjunto de nuestra civilización occidental. La cocaína, es un tema globalizado. Me acompaño de tres nombres propios que han hablado sobre esta serie (entre muchos otros, por supuesto): Hernán Casciari, de quien rescataré algunas citas, y Elvira Lindo y Mario Vargas Llosa como marco de referencia. Tres reflexiones interesantes que nos ofrecen tres miradas particulares: la del mirante contemporáneo, provocadora y sin complejos, la de la mirante que se declara adicta a las series, y la del intelectual tradicional.

Hace poco más de un año, a propósito del fallecimiento de James Gandolfini, comentaba:

Del sentido humano nacen muchas veces sentimientos que no podemos explicar con el lenguaje. Lo que percibimos por los sentidos deriva en ocasiones hacia emociones que sobrepasan el entendimiento. Y como en los sueños que todos reconocemos, algo que sabemos no es real imprime una huella en la amplitud de nuestra conciencia. Algo inimaginable, ni pensado a propósito, descansa lleno de un vacío asombroso hasta que lo iluminamos con la experiencia humana.

La experiencia, lo que hacemos con lo que nos ha pasa, deja una huella de lo que somos. No puede sorprendernos tanto que sintamos divina, esa gran casa que es el alma humana, ese lugar común del deseo de vivir –tan obstinadamente intenso– que acoge toda nuestra entidad inmaterial. Eso que nosotros, espacialmente trajeados homo sapiens sapiens, tan limitados por nuestras facultades físicas y tan frágiles, más incluso que los perfiles de nuestras diferentes concepciones de ser civilizado, conocemos como el amor. ¿Es humano lo divino es divino el ser humano? De esas relaciones se ocupa el Arte. Y los artistas. Personas que trabajan en representar las cosas más allá de sus límites reales Y el público. Gente dispuesta a sentir, a emocionarse, a enamorarse, a comprender más allá de la representación, a aprehender lo evidente mismo de la realidad y sus representaciones. Y vivir con ello.

Con una parte de la humanidad conmocionada por el reciente fallecimiento de James Gandolfini, actor del conocido personaje Tony Soprano, uno se pregunta cómo es posible ese amor entre una audiencia y un profesional de la interpretación, a través de la encarnación de un personaje, asesino profesional en este caso, que realmente no querríamos como vecino. O sí: observando las reacciones que ofrecen y relatan los medios de todo el planeta: el sincero sentir de una pérdida. ¿Es Tony Soprano un ser humano o inhumano? ¿Por qué amamos tanto a los malos de las películas? ¿Qué nos fascina del mal, de su representación y hasta de su ejecución misma?

Cuando se es consciente, no sólo de la facilidad con la que el ser humano da y quita la vida de otros seres humanos, sino de la crueldad y constancia con la que es capaz de hacerlo, no se puede esconder al conocimiento, lo inhumano de lo humano. Y como en un juego de infinitas permutaciones, identificar grados de maldad en el bien, y grados de bondad, en el mal. Pero, ¿con qué finalidad? ¿Era la vida de Tony Soprano una vida humana llena de acciones inhumanas o era una vida inhumana, con acciones de humanidad… De modo tan fascinantemente hiladas alrededor de un relato de ficción, realista como un espejo del mundo en que vivimos?

Raro eso de fascinarse con relatos de la gang fiction mientras en la realidad la sociedad insume enormes recursos en darles caza, detenerlos, juzgarlos y meterlos en prisión mientras intenta desarbolar sus organizaciones, cuando no ejecutarlos sin juicio previo en una balacera policial. Entonces, uno termina dudando quién representa qué.

¿Qué tiene de particular esta serie Escobar, el patrón del mal? Hernán lo resumen en un tuit: «Ese es el gran problema con esta historia increíble. Que no es increíble». El guión de esta serie está basado en la novela «La parábola de Pablo», del ex alcalde de Medellín Alonso Salazar, y fue supervisado por Camilo Cano, hijo del ex director del diario El Espectador Guillermo Cano, asesinado en 1986 por Pablo Escobar; y, la productora ejecutiva de la serie, Juana Uribe, es sobrina de Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia de Colombia en 1990, asesinado por Pablo Escobar.

Siento la misma emoción que Hernán: «Jamás había oído nada igual. Escenarios reales, guionistas que a la vez son familiares de las víctimas, parlamentos extraídos de escuchas telefónicas o de testimonios judiciales… Me puse a hacer memoria y no recordé un proyecto de ficción que recrease un tema social tan doloroso y candente —con tanta verosimilitud— en la televisión de ningún país. Lo más cercano que encontré es «Treme», donde David Simon plantea un editorial político sobre la gestión administrativa tras la catástrofe del Katrina en Nueva Orleans. Pero allí hay actores que componen personajes de ficción. En cambio en «El Patrón del Mal» Pablo es Pablo, se parece a Pablo y piensa lo que Pablo pensaba. Esa novedad expuesta de tal modo, en el epicentro del dolor de un país, no la había visto nunca jamás. Debemos quitarnos el sombrero ante la valentía de la cadena Caracol para llevar a cabo este desafío (que podría haber salido muy mal), pero sobre todo hay que admirar la madurez del público colombiano para sentarse a ver, de lunes a viernes y durante ciento trece noches, su última gran tragedia social en alta definición y narrada de una forma cruda».

Como Hernán, me quito el sombrero por la valentía del público colombiano, en primera instancia, por sentarse a ver durante “ciento trece noches”, su gran tragedia (no sé si última, porque el país ha seguido bastante por esos derroteros, tras la muerte de Pablo escobar). ¿Qué tiene que decir una sociedad, la colombiana en este caso, pero la cuestión podría ser extensible al conjunto de nuestra civilización occidental, que toleró que una parte de sus ciudadanos viviera en una pobreza, en una miseria tal (no sólo económica), que llegado el momento, facilitara que un drama como este encontrara tanto apoyo? Lo que acontece en el Medellín de Escobar, lo podemos encontrar en Corleone, Sicilia, narrado en El Padrino, de Mario Puzo, llevada al cine por Francis Ford Coppola… y en tantos otros lugares. ¿No son ejemplos suficientes de lo que sucede, más temprano que tarde, cuando una parte de la ciudadanía queda fuera del abrigo del Estado, cuando un Estado no abarca el conjunto del territorio de su nación?

Nada de lo que posibilitó que un tipo como Escobar llegara a ser lo que fue se explica sin dos cosas: un cristianismo decadente y una sociedad profundamente corrupta. Porque incluso, la parte de la sociedad, digamos, que funciona, es corresponsable de fenómenos como éste: porque cuando llegan y te matan, es tarde: significa que antes mataron a muchos, pero que no importó. Estamos pues ante un relato audiovisual armado para facilitar que toda una ciudadanía pueda aprehender y reflexionar sobre su propia historia reciente. Se agradece cuando el talento y la creatividad, la valentía y la determinación, trabajan y consiguen recursos (humanos, técnicos y financieros) para una empresa de esta magnitud… Y se agradece que el público responda con interés, su mirada y su capacidad de leer entre líneas (aunque de esto último, tengo dudas).

Javier Moscoso

Javier Moscoso, Filósofo¿Hemos pensado alguna vez que las pasiones tengan historia? ¿Hemos pensado alguna vez que el amor, el odio, la melancolía, los celos, todo aquello que pertenece a lo más íntimo, vaya más allá de nosotros mismos?

Javier Moscoso nos invita a revisar la Historia para aprender a distinguir que el sujeto y las emociones han viajado juntos y se han transformado juntos. Y que nos hace falta, urgentemente, encajarlas en el discurso del pasado, «para rehacer una nueva mirada, una perspectiva intrigante y necesaria, que dé verdadero volumen y realidad al dibujo que nos hemos hecho de nosotros mismos».

Según Moscoso, más allá de su carácter psicológico e íntimo, las emociones también son un fenómeno cultural que exige un estudio de sus representaciones en el tiempo y las condiciones sociales en que se expresa. El dolor mayor es la ausencia de esperanza. Y eso es aplicable tanto a los enfermos terminales o con dolores crónicos, como al mundo social y político en el que vivimos inmersos. Los dolores de naturaleza política y la injusta distribución del daño, son los grandes protagonistas. La promesa de otorgar la mayor felicidad al mayor número posible de personas se ha venido abajo, y eso produce desconfianza, frustración, desasosiego y escepticismo político. La historia de las naciones, entre el siglo XIX y XX, es la historia de ese sistemático fracaso, de esas promesas incumplidas. El ser humano del Siglo XXI, busca refugio donde puede, desde las emociones íntimas a las comunitarias con sus nuevas estructuras y formas de actuación política.

Hoy sabemos que no todas las pasiones están en el lado opuesto de la razón, sino que tienen sus razones. El humanitarismo, la solidaridad, heredado de nuestro mundo ilustrado, sigue teniendo una clara visibilidad en nuestro mundo contemporáneo. Por eso, la gran necesidad humana de hacerse entender en cualquier circunstancia.Se trata de una voluntad de sigificación que está detrás incluso de las pasiones más íntimas, los dolores más privados. Cuando el dolor es comunitario, los seres humanos buscamos formas cooperativas de paliarlo, de hallar consuelo en la compañía mutua. El que tiene un dolor, quiere encontrar un sentido a su dolor, saber por qué, quiere un relato. Se está desmantelando por necesidad todo lo que hemos construído en los últimos 200 años y no sabemos que modelo hemos de seguir. Ninguna nación lo sabe. Es necesario abrir espacios de comunicación para que cualquier opinión pueda ser expresada.

Javier Moscoso, es doctor en Filosofía e historiador de las pasiones humanas. Profesor de Historia y Filosofía de las Ciencias en el Instituto de Filosofía del Centro Superior de Investigaciones Científicas de Madrid (CSIC), es el investigador principal de un grupo que se interroga, desde una perspectiva multidisciplinar, sobre la historia de las emociones. Moscoso ha trabajado extensamente en tres áreas principales: la historia de las ciencias de la vida en el siglo XVIII; la historia de los signos y las singularidades en la Europa Moderna; y la historia del dolor en Occidente entre los siglos XV y XX. Su último libro, Historia cultural del dolor, que se publicó en 2011 en español (Taurus) y en 2012 en inglés (Palgrave-Macmillan), ha sido muy elogiado por la crítica. En él, el filósofo intenta dar respuestas a cómo se ha articulado históricamente la experiencia del sufrimiento humano, indagando en las modalidades retóricas y persuasivas que han permitido comprenderlo desde el punto de vista cultural.