Archivos Mensuales: junio 2014

Fargo

«La diferencia con lo que ocurría en otros momentos es que ahora no existe la pretensión de la perdurabilidad. En el arte contemporáneo y en la literatura, los plazos se han acortado y no están pensados para el futuro sino para la comunidad, ahora, en intervenciones sobre ámbitos específicos. Lo que ahora pretende la literatura o el arte no es que se los siga viendo o leyendo. El futuro al que aspiran está en la posibilidad de que estas obras generen otras obras. Su futuro es proyectarse en otros, no pervivir en sí mismos», Graciela Montaldo.

«Fargo, un proyecto de la cadena FX que, con guión del novelista Noah Hawley y cinco realizadores diferentes repartiéndose sus diez episodios, recuperó la película de 1996 de los hermanos Coen y la condujo a un nuevo nivel, respetuoso con el original pero dueño de una personalidad propia, igualmente delicioso»

Redacción Blisstopic

afrgo

Yo no vemos series de televisión como antes. Las vemos en pantalla, sí, pero de otra manera. Accedemos a ellas de otro modo, en otras partes de la casa, en el momento en que nos viene en gana. Su visionado ya no es algo íntimo por lo general ni tampoco, algo que se comparte con el reducido grupo familiar en lo cotidiano. La experiencia se ha vuelto transmedia y ese quizá sea el rasgo más característico de estas ficciones audiovisuales actuales: están hechas de tal modo que si le quitas la imagen, el sonido basta; y si le quitas el sonido, la pura imagen basta.

Miramos una serie, y leemos en simultáneo a quienes escriben sobre ella (en mi caso, sigo a Milo J Krmpotic’, que nos ha mantenido puntualmente al día en Blisstopic). A menudo hemos llegado a ellas gracias a esos textos, por lo general, de escritores que escriben como si fuera ficción sobre cosas que les interesan realmente (que a su vez son ficciones). Seguimos un desarrollo argumental, pero investigando metadatos sobre la marcha, atentos a las dinámicas sociales en red que se van generando. Lo comentamos por email con nuestra red de contactos, micro chat o mensaje, y continuamos hablando de ellas como siempre, con los amigos más próximos, en los bares, o cuando nos encontramos a comer. Entra en nuestras vidas, y luego desaparece. ¿Qué es lo que nos deja?

Nos referimos a ellas una y otra vez con los conocidos que nos vamos encontrando en el camino, eficaz moneda social de relatos fibrilados, lecturas de ficción contemporánea. Recreaciones desde la experiencia del drama, la comedia, y el asombroso desparrame humano de esos realismos mágicos que también podemos encontrar en …Minnesota. Representaciones realistas en los márgenes de nuestra civilización, donde la ley del más malo, se encuentra con la ley del más tonto.

La importancia de observar a los seres humanos en esas. Capturar la historia de su vivir sencillo en apariencia, sus ideas simples y su visión del mundo de bolsillo. El arte de observar, el arte de contar, el arte de ver y escuchar esos relatos. Imposible ya considerarlos como una serie de televisión, se habla de ellos como súperlargometrajes: películas de quince horas por ejemplo pero qué, perfectamente, podrían ser doscientas. Es interesante observarnos como público que devora esas experiencias, actitudes y conductas, como si fuéramos de la generación puzzle; pues no se trata de camiones ni princesas sino de rompecabezas narrativos en los que cada capítulos nos ofrece partes del todo, como cuando comprábamos sobres de cromos para ir rellenando un álbum. Cuando lo normal sería que el objeto a exprimir sea la propia serie: su trama, sus personajes, sus relaciones y equivalencias, la obra de arte; sin descuidar nunca aquellos aspectos relacionados con su producción, cásting, fotografía, formato, ¿qué pasa si nos fijamos en la audiencia?

Quizá el tema no sea cómo participa el público de estas experiencias, cómo se involucran, cómo devienen fans, sino cómo perciben, como ven, como leen el resto de las cosas de la vida real, después de ….Fargo, por ejemplo. La audiencia, educada en el acceso así a estas narrativas, ¿percibe la vida del mismo modo? ¿Somos como leemos? Claro que la tecnología del momento lo facilita: las narrativas son las mismas, pero decimos que son “nuevas” porque emplean tecnología bastante reciente sobre todo, por encima de otras tecnologías …como el libro, el cine o la radio. Y claro también, nuestro estilo de vida integra una cuota de espacios y relaciones virtuales, que a veces no sabemos manejar del todo, llenar convenientemente, o mantener a la distancia adecuada.

Fargo, traída al pairo de esta reflexión, no me interesa tanto por la serie en sí, que es estupenda, sino por cómo se te queda “el mirar al personal” en tu propio Fargo real. El efecto que en su día nos produjo la película de los Cohen, alargado y mejorado. Se sostuvo y pudo ser bien contado en aquellas dos horas de cine, y se sostiene ahorita, contado como serie, en una decena de horas, todas ellas excelentes. Algo redundantes, opinan algunos, el cosido narrativo de un artefacto de una decena de horas ofrecido de forma fragmentada, no pueden ser igual que los de una película convencional de ciento veinte minutos; del mismo modo que la novela y el cuento, se articulan diferente.

Es verdad que la serie en cuestión es algo más que una retahíla de seres invertidos (o funcionando como fuera de su foto natural), es una lectura y como tal, lee al espectador del mismo modo en que el espectador participa. Leemos, pero somos leídos a su vez.

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Ana María Oliva

Ana María Oliva

Ana María Oliva

Ana María Oliva, ingeniera biomédica y terapeuta. ¡Qué mujer! Compartimos un pedacito de la mañana, la mejor parte, esa que nos envuelve antes del ajetreo. En vez de hablarme desde la contraportada de La Vanguardia, habría preferido que hubiera estado presente compartiendo mesa, aunque entiendo que nuestro mundo es tan grande y las ocasiones tan escasas, que a veces no siempre es posible.

¿Sabía yo que, justo en este instante, la célula más vieja de tu cuerpo, apenas tiene cinco años? A esas velocidades nuestro cuerpo se transforma. Sólo imaginar la cantidad de materia que ahorita fluye por ahí y que pasará a ser parte de nosotros, mientras otra, que ahora lo es, volverá a ser parte de este cosmos, en este rincón de la eternidad que compartimos, me emociona. Para Ana María nuestra alma es eterna.

Natural de Barcelona, ingeniera industrial y doctora en biomédicina por la Universidad de Barcelona, está casada y es madre de gemelos. Su principal ideario político se resume en el bien común; y en cuanto a Dios, opina, y no puedo sino estar de acuerdo con ella, que si no lo ves en todas partes, no lo ves en ninguna. Ana María destaca la idea de que cada pensamiento nos cambia el biocampo electromagnético. Las investigaciones de Konstantin Korotkov, doctor en Física y catedrático de la Universidad de San Petesburgo, confirman el biocampo, como un objeto psicofísico visible gracias a la imagen electrofotónica.

El trabajo de Ana María se centra en esta frontera de la ciencia, que le ha enseñado a autoregularse modulando pensamientos y actitudes. Opina que las enfermedades, son intentos del organismo para depurar conflictos y visiones nocivas del mundo y de nosotros mismos. Y que lo más saludable es saber que estamos aquí para aportar alguna cosa buena. ¿Somos luz? «La materia implica energía, medible: frecuencias de onda, unas invisibles y otras visibles. O sea, luz, y podríamos verla si nos entrenáramos». ¿El aura? «Sí, un campo bioeletromagnético. Lo generan los intercambios eléctricos de nuestros átomos y células. Desprenden biofotones».

¿Se pueden ver esos biofotones? «No a ojo desnudo. No me he entrenado para ello. Pero los podríamos ver con este dispositivo. Si coloca un dedo aquí y mira la pantalla, verá unos rayitos, unos más largos, unos más cortos, y algunos agujeros. Indican la energía de sus órganos internos en su función. Somos el universo. Somos hologramáticos: cada parte contiene la información del todo».

¿Qué cosas ha electrofotografiado? «Cuando un espermatozoide fecunda un óvulo, hay un estallido de luz. Cuando una bacteria muere, hay un relampagueo. Una señal violeta precede las mitosis celulares…».

Ana María continúa charlando sobre la importancia de las palabras y sobre cómo estas pueden llegar a cambiar nuestro carácter. Y que del mismo modo, nos afectan las personas que nos acompañan, una canción, un color, las informaciones que leemos en los medios, lo que comemos… Todo modifica nuestro biocampo. Y por encima de todo, lo que pensamos. Lo que pensamos marca nuestra biología y por eso, es importante guiarlos. Opina que nuestro sistema de creencias nos construye y que es fundamental relativizarlo y saberse distanciar por ejemplo, para evitar sufrimiento.

Es de la opinión que detrás del sufrimiento hay una creencia equivocada: estamos enseñados a que si alguien sufre, hemos de sufrir con él y de este modo, lo que conseguimos es duplicar el sufrimiento; cuando lo que en realidad necesita el que sufre, es alguien entero y sereno a su lado.