Archivos Mensuales: junio 2014

Ana María Oliva

Ana María Oliva

Ana María Oliva

Ana María Oliva, ingeniera biomédica y terapeuta. ¡Qué mujer! ¿Sabía yo que, justo en este instante, la célula más vieja de mi cuerpo, apenas tiene cinco años? A esas velocidades nuestro cuerpo se transforma. Sólo imaginar la cantidad de materia que ahorita fluye por ahí y que pasará a ser parte de nosotros, mientras otra, que ahora lo es, volverá a ser parte de este cosmos, en este rincón de la eternidad que compartimos, me emociona. Para Ana María nuestra alma es eterna. Destaca la idea de que cada pensamiento nos cambia el biocampo electromagnético. Las investigaciones de Konstantin Korotkov, doctor en Física y catedrático de la Universidad de San Petesburgo, confirman el biocampo, como un objeto psicofísico visible gracias a la imagen electrofotónica.

El trabajo de Ana María se centra en esta frontera de la ciencia, que le ha enseñado a autoregularse modulando pensamientos y actitudes. Opina que las enfermedades, son intentos del organismo para depurar conflictos y visiones nocivas del mundo y de nosotros mismos. Y que lo más saludable es saber que estamos aquí para aportar alguna cosa buena. ¿Somos luz? «La materia implica energía, medible: frecuencias de onda, unas invisibles y otras visibles. O sea, luz, y podríamos verla si nos entrenáramos». ¿El aura? «Sí, un campo bioeletromagnético. Lo generan los intercambios eléctricos de nuestros átomos y células. Desprenden biofotones».

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Balompié

Si existe una palabra que al pronunciarla nos invade de sensualidad y ritmo, esa es balompié. Un estado del ser, una locura, un comportamiento que nos marca a todos. La primera libertad de muchos silencios, el poder decir que los dioses están con nosotros, el grito arañado desde las tripas que nace de lo más hondo y negro del corazón y que, como una borrachera alucinógena, tiene a veces el amargo sabor de la derrota y a veces la euforia onírica del triunfo. Un poder de seducción ante el que ningún espíritu sensible puede mostrarse indiferente, el balompié es una de las pocas artes en las que podemos ser espectadores del instante creador, con sus frecuentes y deslumbrantes improvisaciones que envuelven los sueños en una luz misteriosa. No es extraño que haya seducido al mundo entero con su magia, sus historias valientes y violentas, retratadas de forma memorable por la televisión, la radio, la prensa y tras ellas, la industria. Tantas y variadas sensaciones imposibles de olvidar. Todo el desplante de la cotidianidad moderna, con su particular entusiasmo bien soportado, tiene entrada en este fascinante deporte en el que cabe el aullido arruinado del que ha perdido el juego, el bostezo indeciso del que ya no sabe a dónde va, el suspiro de los que se sienten desbordados, las almas de los suicidas que se aferran al partido siempre del siglo. Sigue leyendo