Entre lo fantasmagórico y lo perverso

fecunda todo cuanto vive en nosotros
una y otra vez retornando en miles de renovaciones y cambios
el calor de un hecho cósmico que evoluciona en diversos estadios
como una expresión absoluta de unidad
el milagro de ser en la totalidad
el tránsito superficial del egoísmo en su propia búsqueda
ligado a la sublimación de la ternura
convencido de experimentar el más amplio deseo
el cuerpo engendrado en la existencia personal
la vivencia corporal, como punto de partida
apenas amor, la experiencia menos distante que conocemos
su banal realidad

la más incontable de las posibilidades, remota y lejana
desconocida fluye entre adornos, incansable
el estallido que festeja todo el entusiasmo
el delirio de la posesión corporal, el juicio de la conciencia
la muestra como algo bello
entre lo primitivo y lo extraordinario

una creatividad atávica asoma desde la infancia
una experiencia que requiere refugio y amplitud
saca su fuerzas desde lo somático y se abre a las más profundas sensaciones conscientes
fluyendo entre lo fantasmagórico y lo perverso
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En los poderosos

moises

Moisés Naím

¿Qué les está pasando a los poderosos? se pregunta Moisés NaÍm, autor del libro The end of power, de donde ha sido adaptado un artículo para El País.

Presidentes maniatados. Magnates hundidos. Ejércitos impotentes. Obispos sin fieles. Nuevos actores desafían a los dirigentes tradicionales. El poder ya no es lo que era. Se ha vuelto más difícil de usar y más fácil de perder.

El resultado de los comicios en España ha sumido al país en una crisis de ingobernabilidad, obligados los interesados a forjar complejas coaliciones para poder gobernar. Las victorias electorales con grandes mayorías son cosa del pasado. A nivel mundial, la comunidad internacional no logra actuar para detener las matanzas en Siria o el calentamiento global.

El poder ya no es lo que era. Se ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho más fácil de perder. Un ejecutivo puede celebrar su ascenso a la dirección de su prestigiosa compañía solo para descubrir que una empresa recién creada está arrasando con sus clientes. Un político que llega a primer ministro puede encontrarse maniatado ya que una multitud de partidos minoritarios bloquea sus iniciativas. Un general puede comandar un enorme y costoso ejército sabiendo que su moderno armamento es inútil frente a explosivos caseros y terroristas suicidas. Y el nuevo papa, Francisco, ya sabe que predicadores de nuevo cuño están arrebatándole su rebaño en África y Latinoamérica.

¿Por qué el poder es cada vez más fugaz? Porque las barreras que protegen a los poderosos ya no son tan inexpugnables como antes. Y porque han proliferado los actores capaces de retar con éxito a los poderes tradicionales. Una creciente clase media, mejor informada y con mayor movilidad, está haciendo más difícil el ejercicio del poder. El poder también se desmorona en los campos de batalla y las salas de juntas. El poder militar tampoco es lo que era.

Como no lo es el poder empresarial. Antes, presidentes y directivos no solo se enfrentaban a menos rivales y competidores, sino que además tenían menos restricciones a la hora de utilizar ese poder. Restricciones como los mercados financieros, una población con más conciencia política y más exigente, y el escrutinio de los medios de comunicación. Los poderosos, hoy, suelen pagar un precio mayor y más inmediato por sus errores.

Internet, con su fuerza supuestamente “democratizadora”, no es lo único que está erosionando el poder. Las nuevas tecnologías de la información son herramientas importantes, pero para que ejerzan algún efecto necesitan usuarios, y los usuarios necesitan dirección y motivación. Facebook y Twitter son fundamentales en las contiendas electorales actuales; porque las circunstancias son locales y personales: el desempleo y las expectativas insatisfechas de una clase media en expansión y mejor preparada, deciden.

Lo que está erosionando el poder tradicional son las transformaciones de aspectos básicos de la vida: cómo vivimos, cuánto tiempo y con qué calidad. Cómo trabajamos, nos movemos o nos relacionamos con nuestro entorno. Estos cambios se pueden agrupar en tres revoluciones simultáneas:

» La Revolución del Más. El siglo XXI tiene más de todo: más gente, más urbana, más joven, más sana y más educada. Y también más productos en el mercado, más partidos políticos; más armas y más medicinas, más crimen y más religiones. La pobreza extrema se ha reducido más que nunca y la clase media crece. Una clase media impaciente, mejor informada y con más aspiraciones está haciendo más difícil el ejercicio del poder.

El declive del poder abre nuevas oportunidades, pero
también plantea serias amenazas.
» La Revolución de la Movilidad. No solo hay más personas con mejor nivel de vida, sino que además se mueven más que nunca. Las diásporas étnicas, religiosas y profesionales están cambiando el reparto de poder entre las poblaciones y dentro de ellas. Personas, tecnología, productos, dinero, ideas y organizaciones tienen más movilidad, y por ello son más difíciles de controlar.

» La Revolución de la Mentalidad. Una población que consume y se mueve sin cesar, que tiene acceso a más recursos y más información, ha experimentado también una inmensa transformación cognitiva y emocional. Existe cada vez más consenso en todo el mundo sobre la importancia de las libertades individuales y la igualdad de género, así como más intolerancia al autoritarismo. La insatisfacción con los sistemas políticos y las instituciones de gobierno también es global.

Juntas, estas tres revoluciones están erosionando las barreras que protegían a los poderosos de sus rivales. La Revolución del Más ayuda a estos últimos a asediar esas barreras, la Revolución de la Movilidad les ayuda a rodearlas y la Revolución de la Mentalidad las socava.

¿Debemos celebrar este declive del poder tradicional? Claro que sí. Se han abierto más oportunidades para votantes, consumidores, jóvenes, mujeres y otros grupos tradicionalmente excluidos.

Pero no todo es positivo. La degradación del poder también plantea amenazas para nuestro bienestar, nuestras familias y nuestras vidas. Explica por qué Washington está bloqueado, por qué a Europa le cuesta actuar con eficacia ante los problemas económicos, por qué proliferan los Estados fallidos o por qué tantas decisiones urgentes se toman tarde y mal.

Ante el fin del poder tal como lo conocemos, nuestros tradicionales sistemas de controles y equilibrios —concebidos para limitar el poder excesivo— amenazan con transformar a muchos Gobiernos en gigantes paralizados. El tamaño ya no significa fuerza. La burocracia ya no significa control. Y los títulos ya no significan autoridad. Y si el futuro del poder está en la subversión, los bloqueos y las interferencias, ¿podremos recuperar algún día la estabilidad? Sí. Pero eso requerirá entender mejor las mutaciones del poder.

 

Conductas

«Vivo la vida que es posible para mi», Paul Auster

La crisis financiera de 2008 se desató de manera directa debido al colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en el año 2006, que provocó aproximadamente en octubre de 2007 la llamada crisis de las hipotecas subprime. Las repercusiones de la crisis hipotecaria comenzaron a manifestarse de manera extremadamente grave desde inicios de 2008, contagiándose primero al sistema financiero estadounidense, y después al internacional, teniendo como consecuencia una profunda crisis de liquidez, y causando, indirectamente, otros fenómenos económicos, como una crisis alimentaria global, diferentes derrumbes bursátiles (como la crisis bursátil de enero de 2008 y la crisis bursátil mundial de octubre de 2008) y, en conjunto, una crisis económica a escala internacional. (Wikipedia).

films

Relatos del mundo que propició la catástrofe; de la globalización de la avaricia sin límites, de la conversión de todo valor humano a moneda de cambio para el mercadeo internacional. El poder ya no es lo que era. Se ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho más fácil de perder. Un ejecutivo puede celebrar su ascenso a la dirección de su prestigiosa compañía solo para descubrir que una empresa recién creada está arrasando con sus clientes. Un político que llega a primer ministro puede encontrarse maniatado ya que una multitud de partidos minoritarios bloquea sus iniciativas. Un general puede comandar un enorme y costoso ejército sabiendo que su moderno armamento es inútil frente a explosivos caseros y terroristas suicidas.

Wall Street. Una película de 1987 dirigida por Oliver Stone. La película tiene una secuela: Wall Street 2: El dinero nunca duerme (2010), dirigida también por Oliver Stone, en la que muestra el peligro de las burbujas especulativas y la crisis hipotecaria de los Estados Unidos, la falta de regulación en los mercados y el rescate financiero a los bancos de inversión.

Inside Job. Un documental de 2010 sobre la crisis financiera de 2008 dirigido por Charles Ferguson y narrada por el actor Matt Damon. Trata sobre la sistemática corrupción de los Estados Unidos por la industria de servicios financieros y las consecuencias de dicha corrupción. Presenta investigaciones y entrevistas con financieros, políticos, periodistas y académicos. Desde el punto de vista narrativo, introduce la crisis financiera en Islandia de 2008 y 2009, continuando con la exposición de las causas de crisis mundial y terminando con un diagnóstico de la situación actual, concluyendo que es insignificante lo que se ha hecho durante la administración de Barack Obama.

The Company Men. Una película estadounidense del año 2010 dirigida y escrita por John Wells. Una compañía multimillonaria de transporte se ve afectada. Ejecutivos de collar blanco que vive bien, un buen trabajo y un hermoso Porsche en el garaje con el que van a un club de golf, que no esperaban ser despedidos y no poder pagar sus hipotecas.

Margin Call. Una película del año 2011 dirigida y escrita por J. C. Chandor. Se descubre la volatilidad de una empresa de valores de respaldados por hipotecas. Debido a un apalancamiento excesivo,  los activos de la empresa en valores respaldados por hipotecas disminuyen su capitalización de mercado. Vender rápidamente todos los activos tóxicos antes de que el mercado pueda reaccionar a la noticia de su falta de valor.

Le Capital. Una película francesa del año 2012 dirigida per Costa-Gavras, a partir de la novela homónima de Stéphane Osmont publicada en el 2004. Un banquero que progresa en el escalafón de una entidad bancaria en una espiral de ambición de poder y corrupción.

Cinco películas entre tantas; centenares de libros que abordan el tema desde múltiples puntos de vista; miles de artículos y reportajes en medios de masas más o menos basados en hechos reales cuando no, en riguroso directo.

¿Cómo orientar la mente hacia la comprensión de fenómenos complejos en un momento de gran incertidumbre? Nos preguntamos continuamente cómo seguiremos produciendo nuestras vidas y transmitiendo ideas sobre nosotros mismos y sobre los demás, sobre nuestros entornos más inmediatos, sobre el conjunto de la realidad del planeta, sobre la memoria, el pasado, el futuro. Nos preguntamos cómo aprehender, cómo hacer realidad otros sueños, otros mundos. La realidad, aquí, ahora y eternamente, tiene siempre la última palabra.

Europa se está desmembrando. La Unión Europea es «disfuncional e irreformable», según palabras del politólogo y ensayista británico John Gray. La economía continua y continuará a la baja debido a que el modelo económico del que formamos parte está en decadencia.

El dinero y el poder, tan concentrado, ya no es eficiente en su distribución y eso aumenta la pobreza. Nos estamos adentrando en una época oscura en la que se pondrá de manifiesto el brillo y la luz propia de cada individuo. Aprendizaje, conocimiento y fe, articularán nuestra experiencia de vida cada vez más nómada y paradójicamente, más local. No es algo elegido, no podemos evitarlo; ha pasado y pasará mil veces en la historia de la evolución humana y ahora nos afecta a nosotros.

España se está desmembrando también. Esta España en la que un día nunca se puso el sol, lleva dos siglos perdiendo territorios que se vuelven autónomos en el devenir del mundo, en sus nuevas dependencias metropolitanas. Colonias de América, asentamientos en ultramar… Y ahora sus Comunidades Autónomas, empezando por Catalunya; que también se está desmembrando.

A pesar del desarrollo y del buen caminar de algunas cosas, caminamos hacia escenarios en los que la sociedad (su ciudadanía y su democracia) será más débil y desordenada; organizada desde gobiernos débiles con políticas cada vez más opacas; en el marco de naciones sin mayor sentido que los símbolos que las representan.

Estamos a las puertas de un enfrentamiento serio entre Occidente, con los Estados Unidos y Alemania a la cabeza, y China. Estamos a las puertas de un enfrentamiento serio entre Occidente y Eurasia, con Rusia y la India, como actores más destacados. El choque entre Occidente y el llamado Tercer Mundo, acoge cada día una mayor cantidad de violencias.

Nuestra civilización en declive, enfrentada a la barbarie recurrente dentro y fuera de sus fronteras. La paz perdiendo ante la guerra, la libertad ante la tiranía; la emancipación frente a la represión. ¿Qué esperamos de nosotros mismos ante una situación así? ¿Qué ofrecemos a nuestros jóvenes y niños en unas circunstancias como éstas? ¿Qué clavo ardiendo, qué flotador, qué balsa, llevará sus vidas hacia dónde? ¿Hacia dónde las nuestras?

Sin certezas

«La modernidad líquida –como categoría sociológica– es una figura del cambio y de la transitoriedad, de la desregulación y liberalización de los mercados», Adolfo Vásquez Rocca.

La metáfora de la liquidez –propuesta por Bauman– intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones. El amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro, se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la Web. Surfeamos en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante –incierta– y cada vez más imprevisible, es la decadencia del Estado del bienestar. La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta; la cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión de futuro”.

La metáfora de la liquidez –propuesta por Bauman– intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones; que la modernidad líquida es un tiempo sin certezas… Pero, también, es cierta una lectura en sentido inverso: ¿da cuenta la metáfora propuesta por Bauman de la versatilidad de las relaciones líquidas que propician las redes digitales de comunicación -aunque estas sean volátiles y transitorias? ¿Cómo aprendemos a vivir sin certezas?

El abrazo es como el sol

Como al sol en sus ramas la imagen
del fotón de una tarde nos sitúa
en el mismo lado del mundo
un abrazo juntos

ese encuentro delicado
qué violeta la flor en ese cruce
entre el ocaso de la luz y su perfume
la ruta de un nosotros en un mapa

de los abrazos y sus sensaciones a pesar de ciertos hitos
personales, viajantes que mueven experiencias
coordenadas espejismos de sus casas
qué recorre el camino que al andar responde

celebro el azar, con sus colores que mantiene vivos
mi memoria, la casualidad que teje signos a quienes emprendemos
el abrazo, el viaje más hermoso de todos maravilla los encuentros
lo cálido del espacio de las distancias increíbles

 

sonrojados en el país del día a día pero juntos
bailando en el abrazo de esos instantes
robados al ajetreo celebro esos rincones
que mires en mi y que yo, pueda sentirlo

qué andarás haciendo justo ahora
cuando el pulso haga vibrar la sorpresa
que volví de nuevo a tu ventana.

Completudes

Desvelamos nuestro proceso creativo a través de la palabra. Protagonistas de esta arriesgada aventura nos reencontramos y como artistas, tratamos de pintar desde la voz escrita casi como una necesidad; temas que se abrazan y se relacionan.

Cuántos contrastes. Quizá el más sugerente de todos tiene lugar cuando tratamos de expresar el presente que se escurre entre los dedos de forma inteligible. Como al pintor, que se afana en pintar los reflejo de los rayos de sol de una tarde de otoño sobre las hojas de un membrillo. Hablar de una cosa es no hablar de todas las demás. Cuanto más queremos decir menos hablamos y cuánto más hablamos, menos decimos.

Queman en la garganta borbotones de cosas que le gustaría contar y a la vez, un suave deseo de guardar silencio. Querría hablar de mil cosas, y no decir nada. Un todo de luces y sombras que se iluminan y se ensombrece pero nunca al mismo tiempo; pasamos el día entre cegados por luces reveladoras y ciegos por falta de entendimiento.

La exaltación de corazón

El poeta loa el corazón como la casa del amor y las mejores virtudes y la señala con su abanico de significados para que reviva y reavive, su idea de sí en cada uno de nosotros, como parte del continuo amoroso de la humanidad. El científico también lo señala, pero como objeto de ciencia; con significados que proponen otras vías de enamorado. Si resulta que somos capaces de verlo y leerlo como una experiencia poética y científica, desarrollamos una conciencia más amplia de las cosas y de las relaciones que definen y sostienen lo que sentimos. Y así hasta el infinito con sus capas religiosas, estéticas, musicales, geológicas, astrofísicas, cuánticas, sociales, eróticas, políticas y económicas… El corazón sigue ahí viviendo la vida mientras su significado, parece infinito pero limitadamente comunicable. Por eso estamos, realmente tan solos. Es la exaltación una forma de acompañarnos en el sentido de vivir. Una manera de ser en la narración que vivimos en primera persona con sus interminables monólogos interiores, sus fobias y sus filias. Hitos que nos ayudan a reconocer en el camino, sus atalayas.